José Dolores Estrada, el general que fue degradado a soldado raso

Reportaje - 04.09.2022
Hacienda San Jacinto

El héroe de septiembre vivió sus últimos años exilado entre soledad, pobreza y olvido. Fue declarado “traidor de la patria” por oponerse a la reelección del mismo al que había defendido en la batalla de San Jacinto

Por Redacción Magazine

Treinta y dos días antes de morir, José Dolores Estrada Vado, recuperó el título militar de máxima distinción. Fue el 10 de julio de 1869, cuando el presidente Fernando Guzmán le otorgó el grado de General de División y, previamente, lo reconoció como General en Jefe del Ejército Nacional.

Guzmán abolió el decreto presidencial de su antecesor, Tomás Martínez, quien desde 1863 despojó a Estrada de sus títulos y grados, reduciendo su generalato a raso por considerarlo “traidor de la patria” tras oponerse a su reelección, prohibida por la Constitución Política de entonces.

Ese año, Martínez argumentó que su primer período había sido producto de un acuerdo nacional, impulsó una consulta ante el Congreso Nacional sobre su derecho a presentarse como candidato presidencial, la cual fue aprobada y resultó electo para un segundo período, según explicó el historiador Clemente Guido Martínez en Colección Cívica y Patriota, 2009.

Pese a que Estrada había luchado siete años atrás a favor del gobierno de Martínez en la gloriosa Batalla de San Jacinto que merece atención detenida más delante, fue forzado al exilio por cuatro años. Vivió en Costa Rica casi en el olvido, realizando labores agrícolas para sobrevivir.

El general José Dolores Estrada nació en Nandaime en 1792. De Sus 77 años de vida, 55 los ejerció como militar. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

“Me habla usted de mis amigos de Nicaragua y de cómo consintieron ellos en mi destierro. Amigos, casi no me quedan allá y los dos o tres que me restan, hermanos los llamo yo, pues que ellos con sacrificios me mantienen las necesidades materiales, y con sacrificios también me mandan ilusiones para el alma… Gracias por tanta generosidad suya al enviarme los veinte pesos con que me favorece”, se lee textual en una carta que Estrada escribió para un amigo desde San José, un 14 de febrero de 1868. Y forma parte del Fondo Felipe Rodríguez Serrano, IHNCA.

En septiembre de 1868, el presidente Guzmán, decretó una amnistía general para todos los exiliados por causa de Martínez. José Dolores Estrada retornó al país a mediados de 1869 y brindó sus servicios militares al gobierno de Guzmán hasta el jueves 12 de agosto de ese mismo año. A las 8:10 de la mañana de ese día falleció en Managua, a la edad de 77 años por padecimientos hepáticos.

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José Dolores Estrada nació rodeado de carencias económicas en el seno de una familia católica de Nandaime, Granada, el 16 de marzo de 1792. Era hijo de Timoteo Estrada y Gertrudis Vado Lugo. Sus hermanos: José Julián, Magdalena y José María que era clérigo.

Aprendió a leer en una escuelita privada, pero su formación escolar fue corta porque desde su adolescencia se ocupó de labrar la tierra en una finca familiar. “Esto influye en su fortaleza corporal y contribuyó a la formación de su carácter firme y decidido”, detallan los archivos de la Guerra Nacional de la Biblioteca Enrique Bolaños.

Con 19 años, en 1811, participó en las asonadas de Granada que fueron los primeros reclamos por la independencia de Centroamérica. Un año más tarde defendió la plaza de esa ciudad.

Siendo todavía un muchacho se adentró en una larga carrera militar sin abandonar el deseo libertario que le perseguiría hasta el último aliento. Se inició como soldado raso y poco a poco fue ascendiendo conforme sus capacidades y destrezas que décadas más tarde lo llevarían a la cumbre.

En 1827 luchó en la guerra “Arguello Cerda” con el grado de sargento, obtenido tras dieciséis años combativos. Pasaron veinticuatro años para recibir el grado de capitán de las milicias del Estado, otros cuatro para la promoción de teniente coronel.

El 5 de agosto de 1854, resultó herido en la ingle, durante la batalla de Jalteva en Granada. Al siguiente año, se retiró a varios departamentos para realizar operaciones de guerrillas.

Cuando comandó las tropas nicaragüenses que lucharon contra los filibusteros en la Hacienda San Jacinto, el 14 de septiembre de 1856, Estrada tenía el grado de coronel. FOTO/ Oscar Navarrete

El 12 de octubre de 1855, William Walker, sorprendió a todos al tomarse la ciudad de Granada y obligó a la rendición de las tropas legitimistas.El entonces coronel Estrada y el general Tomás Martínez se negaron a entregar las armas y optaron por enterrarlas en un pozo al que cubrieron de tierra en el actual municipio de San Francisco Libre.

Walker se mantuvo once meses como jefe del Ejército de Nicaragua y usurpador de la presidencia del país. Hasta el 12 de septiembre de 1856, que se firmó la paz entre los partidos rivales legitimistas y democráticos para enfrentar a Walker. Ese día, también inició la Guerra Nacional con participación de ejércitos aliados centroamericanos.

El general Martínez y el coronel Fernando Chamorro habían formado en Matagalpa el Ejército del Septentrión desde junio de ese año y José Dolores Estrada, quien se había recuperado de un ataque armado dos meses atrás, aparece como uno de los primeros oficiales dispuesto a combatir las fuerzas de Walker y sus filibusteros, según la explicación del doctor Edmundo Mendieta.

A inicios de septiembre, el coronel José Dolores Estrada ocupa La hacienda San Jacinto, de Tipitapa, en Managua y el 14 de ese mismo mes sale victorioso. Su heroísmo y valentía lo graduaron de General.

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El domingo 14 de septiembre de 1956 ocurrió la mayor obra militar atribuida a Nicaragua. Eran las cinco de la mañana cuando las tropas comandadas por el norteamericano Byron Cole llegaron a San Jacinto. Se dividieron en tres columnas: la primera atacó el flanco izquierdo del corral de madera, la segunda avanzó por el frente y la tercera con dirección al flanco derecho, según relató el coronel Francisco Barbosa en una misiva.

De acuerdo con la versión de un soldado raso combatiente, el coronel Estrada dividió a los soldados en tres flancos con sus mejores oficiales al frente y ordenó que respondiera con fuego hasta que el enemigo estuviera cerca de las edificaciones.

Lo recordó “vestido de camiseta de olán y un pobrecito pantalón celeste desteñido de casimir y rabón” acompañando a 15 hombres del corredor mientras soltaba órdenes. Este y otros testimonios expresados antes de salir a pelear los documentó el doctor Edmundo Mendieta.

“No nos volveremos de aquí, pero no seré yo quien dé el parte de una derrota. Ustedes son jóvenes y se avergonzarán, siendo además responsables si no cumplen”, recordó el capitán Bartolo Sandoval que con esas palabras Estrada los animó y todos entusiastas le respondieron: “¡Viva el coronel Estrada...! ¡Mueran los bucaneros!”

Estrada fue declarado Héroe Nacional el 17 de agosto de 1971, en la resolución publicada en la Gaceta Oficial el 26 de octubre del mismo año. FOTO/ Oscar Navarrete

“Los soldados eran campesinos, artesanos de oficios varios, originarios de Granada, de Masaya, de Ochomogo, de Diriomo, de Managua; y con ellos los 60 flecheros indígenas de Yucul, en Matagalpa”, citó el escritor Sergio Ramírez en su columna titulada Antes de rayar el alba.

Por cuatro horas los nicaragüenses se enfrentaron a las fuerzas extranjeras que los superaban en número y armamento moderno.

Los combatientes de Estrada usaban fusiles de chispa que debían cargar por el cañón con la pólvora y para disparar era necesario encender la mecha, apuntar y esperar la explosión.

Ante la falta de tiempo para recargar su fusil, el sargento Andrés Castro, usó las piedras del corral para derribar a sus rivales.

“Hicieron desalojar al enemigo que despavorido y lleno de terror, salió en carrera después de cuatro horas de fuego vivo y tan reñido que ha hecho resaltar el valor y denuedo de nuestros oficiales y soldados que nada ha dejado a desear”, se lee en el reporte de la victoria que Estrada envió al general Tomás Martínez.

La falta de armamento moderno no fue impedimento para que los patriotas lograran alzarse con la victoria y persiguieran hasta matar a los invasores en su huida, tal fue el caso del coronel Byron Cole que celebró el contrato de la llegada de los filibusteros a Nicaragua y lo cedió a Walker.

Se totalizaron unos cien fallecidos de ambos bandos.

En abril de 1857 el coronel Estrada asumió el mando de las fuerzas militares de Granada y expulsa a las últimas fuerzas filibusteras. William Walker se rindió en Rivas y huyó con la bandera norteamericana el primero de mayo, finalizando ahí la Guerra Nacional.

Para el 10 de mayo del mismo año le fue concedido el grado de General de Brigada y Comandante de la Guardia de los Supremos Poderes por el gobierno binario de los generales Tomás Martínez y Máximo Jerez.

No obstante, por azares de la vida, Martínez fue el encargado de degradarlo seis años después por la diferencia política ya mencionada.

La acción heroica de San Jacinto le mereció al general José Dolores Estrada Vado el reconocimiento internacional de los gobiernos de Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica con la más alta distinción: la Cruz de Honor.

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No sé casó ni tuvo decendencia directa. Cuando el actual diputado sandinista, Carlos Emilio López Hurtado, era Procurador Especial de la Niñez y de la Infancia, aseguro a LA PRENSA ser tataranieto del General José Dolores Estrada. Sin embargo, dos días más tarde fue desmentido por los historiadores Jorge Eduardo Arellano y Roberto Sánchez Ramírez quienes aseguraron a este Diario, que el Héroe de la Batalla de San Jacinto fue célibe.

En tanto, al ser consultado López justificó lo expresado porque así se lo compartió su abuela Mirta Estrada y su padre Emilio López Estrada. Sin embargo, dijo no recordar si el título era él o su padre.

Estrada falleció por hepatitis el 12 de agosto de 1869. Sus restos están enterrados en la iglesia católica de Nandaime. FOTO/ Oscar Navarrete

Los restos mortales del general José Dolores Estrada fueron sepultados en la iglesia parroquial de Santiago de Managua, hoy antigua catedral. Sin embargo, el 4 de enero de 1870 cuando solo habían transcurrido cinco meses de su muerte se ordenó por decreto del Congreso Nacional colocar una lápida de mármol sobre su tumba con la leyenda: “"Al Ilustre General José Dolores Estrada, vencedor de San Jacinto. La Patria agradecida".

El 17 de agosto de 1971 el Congreso de Nicaragua declara Héroe Nacional al General José Dolores Estrada y en agosto de 1999, sus cenizas fueron trasladadas a la iglesia católica de su natal Nandaime.

Historiadores e intelectuales coinciden que a su muerte el General José Dolores Estrada le hizo sellar su grandeza al cumplir su deber de patriota sin esperar pagos ni premios. Nació y vivió en pobreza, pero “los nicaragüenses le han enriquecido con el tesoro del recuerdo que ha de vivir eternamente, brillando en el cielo de la patria con los fúlgidos destellos de su gloria imperecedera”, externó el doctor Alejandro Barberena Pérez.

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