El siempre controversial Manuel Urbina Lara

Reportaje - 01.05.2022
Manuel-Urbina-Lara

“Duro”, enamoradizo, “inquieto”, buen abogado, “antisandinista hasta las cachas” y “tapudo” dicen quienes lo conocen. Actualmente es un preso político y hace 29 años se tomó una embajada y secuestró al personal. Siempre ha estado en el centro de la polémica.

Por Hans Lawrence Ramírez

Cuatro hombres con armas y capuchas irrumpen en la embajada de Nicaragua en San José, Costa Rica. Desarman al único vigilante que está esa tarde del 8 de marzo de 1993. Reúnen a todos los que están en el edificio y los llevan a una habitación del segundo piso.

Los secuestradores tienen varios galones de gasolina y colocan explosivos en las puertas y entradas principales a la embajada.

Uno de ellos se quita la capucha. Era un hombre recio, con la papada cubierta por una barba cerrada de unas dos semanas sin afeitar, pelo negro acomodado hacia atrás, de semblante serio y una voz fuerte, digna de mando. Era el líder de la banda, José Manuel Urbina Lara.

Él mismo se encarga de explicarle a los rehenes que si se mueven de un lugar a otro, pueden activar alguno de los explosivos y el edificio puede estallar con todos adentro.

Desde una ventana, con un megáfono y con el rostro descubierto, Urbina Lara habla con la policía costarricense que acordonó el sitio. Presenta al grupo de secuestradores como “Comando Yolaina”, miembros de la Brigada Patriótica Nicaragüense y le hace saber las demandas al gobierno de Violeta Barrios de Chamorro.

Lo primero era la destitución del jefe del Ejército, el general Humberto Ortega, y también la del ministro de la Presidencia, Antonio Lacayo. Solicita procesar judicialmente al jefe de la inteligencia del Ejército, Lenín Cerna, por dirigir a las Fuerzas Punitivas de Izquierda, acusadas de asesinar a desmovilizados de la Contrarrevolución.

Demandan la restitución del Contralor General, Guillermo Potoy y que el gobierno desembolse seis millones de dólares, de los cuales cinco serían entregados al cardenal Miguel Obando y Bravo para obras sociales, y el millón restante para financiar a la Brigada Patriótica Nicaragüense. Piden que el cardenal sea quien esté a cargo de las negociaciones.

“Estamos dispuestos a salir de este recinto victoriosos o muertos”, dice Urbina Lara al terminar de leer el comunicado y cierra la ventana.

El comando tiene a un total de 25 rehenes en ese momento. Desde el guardia de seguridad, hasta el mismo embajador Alfonso Robelo. Todos en el suelo del segundo piso, con sus vidas paralizadas y con el temor de estallar en cualquier momento.

Pero no estallaron. Hoy, José Manuel Urbina Lara es uno de los más de 180 presos políticos que mantiene Daniel Ortega. Ha sido guerrillero, abogado, locutor de radio, compositor, guitarrista, “más o menos” para el canto y muy conocido por sus acusaciones contra funcionarios públicos. Esta es la vida de uno de los hombres más polémicos de los últimos años que ha visto Nicaragua.

José Manuel Urbina Lara durante el asalto a la embajada de Nicaragua en Costa Rica en 1993. ARCHIVO

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La noche buena del 24 de diciembre de 1984, la embajada de Costa Rica en Managua fue asaltada por la Policía Sandinista, según denunció el gobierno costarricense en aquel entonces.

El objetivo del asalto era arrestar a un joven de 23 años que había evadido el Servicio Militar Obligatorio y que tenía varias semanas refugiado en la embajada costarricense. Se llamaba José Manuel Urbina Lara.

Doña Amada Urbina Lara, hermana de José Manuel, recuerda que “él estaba solo en esa embajada. Lo tenían bien ubicado porque ellos sabían la hora en que la familia iba a ir a visitar a mi hermano ese 24 de diciembre, y en ese espacio que no había visita, aprovecharon para meterse a la embajada, sacarlo, lo tiraron, le desbarataron su pierna y después pasó a las mazmorras de El Chipote”.

El gobierno sandinista de la época alegó que Urbina Lara había sido capturado en las afueras de la embajada, pero Costa Rica decía que se trataba de un asalto a su sede diplomática para arrestar al joven.

El caso creó fricciones con el Grupo de Contadora conformado por México, Venezuela, Panamá y Colombia que buscaban mediar para una pacificación en Centroamérica, y por peticiones de estos países, además de que los sandinistas debían dar muestra de buena voluntad, Urbina Lara fue liberado y enviado a Costa Rica en marzo de 1985.

Urbina Lara es el cuarto los cinco hijos que procrearon don Luis Urbina Chávez y doña Ofelia Lara Carrillo. Una familia liberal de Granada que tenía poco tiempo viviendo en Managua cuando se dio el triunfo de la Revolución Sandinista el 19 de julio de 1979.

Las posturas políticas de la familia Urbina Lara le crearon problemas tras el cambio de gobierno, relata doña Amada, quien afirma que la familia completa fue encarcelada en más de una ocasión

“Nos pusieron desnudos, nos tomaron huellas de pie y de manos. Mi hermana que en ese entonces tenía catorce añitos la desnudaron a como Dios la echó al mundo”, relata.

Antes de ser reclutado para el Servicio Militar, José Manuel Urbina Lara se había bachillerado en el instituto Maestro Gabriel y había empezado a estudiar Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA), desde donde lideraba a grupos de chavalos que protestaban contra el Servicio Militar.

Su hermana cuenta que por esta razón el gobierno sandinista los persiguió. En una de esas persecuciones, José Manuel llegó a la embajada de Costa Rica en Managua en donde se refugió hasta que la Policía Sandinista llegó a sacarlo y lo arrestó.

José Manuel Urbina Lara cuando era joven. CORTESÍA FAMILIA URBINA LARA

Una vez en Costa Rica, Urbina Lara estudió Comunicación Social y terminó de estudiar Derecho. También consiguió la nacionalidad costarricense, y se vinculó con la Contrarrevolución.

Luis Fley, un antiguo comandante de la Contra, conoció a Urbina Lara en 1990 durante la desmovilización de los contras tras la llegada al poder de Violeta Barrios de Chamorro. “Era antisandinista hasta las cachas”, recuerda Fley.

El comandante Contra dice que Urbina Lara era “combatiente en el Frente Sur, en la zona de El Almendro” y que también se vinculó con la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE), un grupo armado comandado por Edén Pastora, cuando combatía al sandinismo, pero su cercanía con Pastora no duró mucho.

Durante el secuestro de la embajada nica en Costa Rica, Pastora dijo a medios de comunicación que Urbina Lara era “un farsante” y que “no disparó ni un tiro”, cuando estuvo en el Frente Sur.

Pero los hechos eran que Urbina Lara tenía secuestrada la embajada nicaragüense y el gobierno de doña Violeta tuvo que enviar, junto al cardenal Miguel Obando, al ministro del interior Alfredo Mendieta y al viceministro José Pallais. Este último, también convertido en preso político en la actualidad.

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Mientras los días avanzaban, la situación en la embajada nicaragüense se volvía tensa, según contó el exembajador de Nicaragua en Costa Rica, Alfonso Robelo a medios de comunicación costarricenses.

“Estar entre ametralladoras, entre armas, granadas y que no ´puede pasar por ahí porque ahí tenemos puesta una trampa´ y ese tipo de cosas son muy tensas”, relató Robelo. “En una oportunidad se le fue un tiro a Urbina Lara, y pegó en el techo del primer piso de la embajada”.

Según Robelo, los secuestradores pusieron galones de gasolina con trapo en las habitaciones, de manera que, si alguien encendía un cigarro o si les disparaban desde afuera, toda la embajada podía explotar.

Tras dos semanas de secuestro, el comando aceptó 250,000 dólares que le ofreció el gobierno nicaragüense. No consiguieron satisfacer ninguna otra de sus demandas. El 21 de marzo de 1993 liberaron a los últimos 11 rehenes y dejaron la embajada. Urbina Lara salió en un helicóptero hacia República Dominicana donde consiguió asilo político y el resto de los secuestradores regresó a un lugar secreto en Nicaragua con el botín.

En República Dominicana, Urbina Lara vivió por cinco años. Su hermana cuenta que estuvo litigando y estudió una maestría en Derecho Internacional.

En marzo de 1997, Urbina Lara regresó a Nicaragua por el aeropuerto en donde fue detenido. Le imputaron los cargos de plagio, exposición de personas al peligro, asociación para delinquir y daños a la propiedad pública, en contra de varias personas y en perjuicio del Estado de Nicaragua.

Costa Rica también lo requería por esos y otros delitos, pero como Urbina Lara tenía doble nacionalidad, se complicaba la posibilidad de extraditarlo. El hombre fue absuelto y solamente estuvo cuatro meses en prisión. En esto, tuvo que ver su hermana y el expresidente Arnoldo Alemán.

Manuel Urbina Lara durante la presentación de dos de sus temas musicales. Óscar Navarrete/ LA PRENSA.

En aquellos años, Alemán era el líder del liberalismo en Nicaragua y doña Amada era militante liberal y trabajaba en la sección de auditorías de la Alcaldía de Managua.

Doña Amada cuenta que antes de que Urbina Lara regresara al país, ella se acercó a Arnoldo Alemán durante una actividad partidaria.

–Doctor Alemán, fíjese que mi hermano quiere regresar a su patria, pero no sabe si puede

–Claro que sí Amada. Él puede venir porque es nicaragüense y las puertas de Nicaragua están abiertas para todo nicaragüense que quiera regresar a su patria – respondió Alemán.

Años atrás, la mujer dice que ya lo había intentado con doña Violeta Barrios de Chamorro.

“Fui a la Presidencia a decirle a doña Violeta que mi hermano quería regresar a Nicaragua y que iba a enfrentar cualquier juicio que se le presentara en cuanto a la toma de la embajada, pero ahí hubo unas palabras groseras, que podían sentarse con los Parrales Vallejos (que hacían asonadas con el Frente Sandinista), y jamás con Urbina Lara, que se quedara donde estaba”, cuenta la mujer.

Después de que doña Amada habló con Arnoldo Alemán, Urbina Lara planeó su regreso a Nicaragua y el 12 de junio de 1997 recuperó su libertad tras ser absuelto.

Urbina Lara fue abordado por los medios de comunicación sobre la decisión del Poder Judicial, y él respondió: “En Nicaragua todas las personas que se han visto en medio de la problemática política, militar han sido perdonadas, han sido indultados. Se han dictado varias leyes de amnistía. ¿Por qué yo iba a ser la excepción?”.

Según doña Amada, su hermano después fue a visitar a Arnoldo Alemán para agradecerle por permitirle regresar al país, y durante la plática, Amada dice que Alemán le ofreció un cargo público a Urbina Lara.

–No, a mí no me gusta tener jefe. Mi jefe soy yo –respondió.

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Cuatro sujetos encapuchados llegan en un taxi, cerca del mediodía, al hotel Yolaina, en reparto San Juan, Managua. Armados de pistolas cortas y fusiles AK47, amenazan a las dos empleadas que se encontraban en ese momento, las encierran en una bodega y preguntan por su patrón.

El patrón era Pablo José Urbina Lara, quien acababa de llegar al hotel, el cual era su casa de habitación. Los hombres entraron a la habitación de Pablo José, lo ataron de pies y manos y le pusieron un pañuelo en la boca y la nariz provocándole asfixia y la muerte.

Ese seis de octubre de 2011, José Manuel Urbina Lara estaba saliendo de un juicio en los juzgados de Managua cuando recibió una llamada a su teléfono celular:

–Ya cumplimos el mandado.

Fue lo único que le dijeron.

Doña Amada relata que Urbina Lara no entendía de qué le estaban hablando. Pensó que se trataba de una llamada más de las que venía recibiendo desde hace meses después de que él aceptara la petición de un grupo de mujeres de La Concepción, Masaya, que le habían pedido un favor.

“Queremos que usted presencie el juicio porque nosotras dudamos que ese muchacho que está ahí haya matado al padre Pupiro”, le pidió una de las mujeres. Urbina Lara aceptó y fue con ellas a presenciar la audiencia inicial.

Se trataba del caso del padre Marlon Pupiro de La Concepción, un sacerdote que fue encontrado muerto el 23 de agosto de 2011 en un basurero, envuelto en un colchón y con señales de tortura. La Policía presentó a Yasker Blandón como la única persona vinculada con el crimen y explicó que el móvil fue el robo de la camioneta Mitsubishi blanca, propiedad del religioso.

Familiares y allegados al padre Pupiro jamás creyeron la versión oficial y después de presenciar la audiencia inicial, Urbina Lara tampoco la creyó y así lo expresó en un programa que tenía en Radio El Pensamiento, llamado “Una hora con Urbina Lara”.

“Él dijo que ahí no había nada. Que lo que había ahí era una pobre persona que la estaban enjuiciando para tapar a los verdaderos criminales que asesinaron al padre Pupiro”, además de explicar algunas anomalías en el proceso contra Blandón, cuenta la hermana del abogado.

Después de esas palabras, a Urbina Lara “lo amenazaron de muerte en la radio. Le dijeron que iba a llorar lágrimas de sangre, y después le dejaron un mensaje en su teléfono y le dijeron: Vamos detrás de vos”.

Cuando recibió este mensaje, Urbina Lara sacó a sus hijos del país por temor a que les sucediera algo, pero un mes después, estaba recibiendo aquella llamada donde le decían que el mandado ya estaba “cumplido”.

A los 10 minutos, recibió la llamada de un familiar para informarle que su hermano mayor, Pablo José, había sido asesinado.

El asesinato de su hermano ha sido de los golpes más fuerte que Urbina Lara ha recibido en su vida, considera su hermana Amada.

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Cuando Urbina Lara regresó a Nicaragua a finales de los noventa, empezó a ejercer como abogado. Otro profesional del derecho que lo conoce desde algunos años y que solicita anonimato, dice que es “un excelente abogado. No es porque lo conozca, pero sí es muy bueno, muy profesional”, comenta.

Luis Fley dice que Urbina Lara trabajó como asesor de la Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN). “No participaba de lleno por su trabajo. Él decía que no quería involucrarse en política partidaria”, pero sí asesoraba en cuestiones legales, explica.

En esos años, Fley lo conoció como un hombre bien alegre y leal. “Si es tu amigo, él da la vida por vos, pero si es tu enemigo, te ataca”, comenta, y agrega que “a veces un poco tapudo como decimos”.

Fley se refiere a las veces en que Urbina Lara ha hecho señalamientos contra funcionarios del Poder Judicial, especialmente contra la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Alba Luz Ramos, a quien solía tildar de “etílica”.

“Alba Luz Ramos es una delincuente que va a tener que rendir a nivel internacional cuentas por todos los criminales que están libres, por los narcotraficantes que están libres. Incluso tiene que rendir cuentas por su yerno, ella tiene que decirle a la opinión pública y al mundo por qué su yerno Fariñas (en referencia al narcotraficante Henry Fariñas), está en libertad” declaró Urbina Lara en octubre de 2019 a medios de comunicación.

Además de su trabajo como abogado, Urbina Lara ha compuesto canciones y hasta publicó un álbum llamado “Mi propia vida”, con once canciones escritas por él. Según él mismo contó a El Nuevo Diario en agosto de 2015, tiene alrededor de 300 letras y algunas han sido interpretadas por Anthony Mathews, Gustavo Leytón, Fuzión 4 y Banda Xolotlán.

En 2011, la Asociación de Artistas de Nicaragua “Rafael Gastón Pérez” le dio un premio como compositor del año.

Sus temas hablan de amor y desamores. Según él, están inspirados en experiencias personales. Su hermana Amada dice que desde que tenía 20 años, él escribía canciones y que su padre le regaló y le enseñó a tocar guitarra.

–¿Y canta?

–Más o menos – suelta una risa burlesca

Actualmente, Urbina Lara tiene ocho hijos y ha tenido varias relaciones. “A él le encantan los amores”, dice doña Amada

Urbina Lara es considerado un preso políticos de la dictadura de Daniel Ortega. Esta imagen circuló en las últimas semanas cuando anunció una huelga de hambre. ARCHIVO

En octubre de 2019, la CSJ le retiró su licencia de abogado y notario público por cinco años por supuestas quejas de que cobraba a los clientes y les incumplía con el trabajo.

El 24 de enero de 2021, Urbina Lara tuvo un accidente de tránsito en su camioneta en Jinotega, en la cual le daba ride a José Antonio Rizo. La camioneta se volcó y Rizo falleció, por lo cual Urbina Lara fue detenido, pero llegó a un acuerdo con los familiares de la víctima.

Este es un mecanismo permitido por la legislación nicaragüense en que el reo puede recuperar su libertad llegando a un acuerdo con los familiares de la víctima, pero el régimen de Daniel Ortega lo mantiene detenido.

El hombre que se tomó la embajada de Nicaragua en Costa Rica tiene 58 años y está condenado a cuatro años de prisión por homicidio imprudente. Lo último que se supo de él fue el 25 de abril que empezó a hacer una huelga de hambre en el Sistema Penitenciario Waswalí para demandar su libertad, o como mínimo, mejores condiciones carcelarias.

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