El protagonismo de Carter en Nicaragua

Reportaje - 02.01.2022
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En 1978, el entonces presidente norteamericano se vio obligado a fijar su mirada en Nicaragua. Desde entonces ha sido testigo y protagonista de momentos trascendentales en la historia del país

Por Eduardo Cruz

Cuando Jimmy Carter asumió la presidencia de Estados Unidos, el 20 de enero de 1977, en Nicaragua el dictador Anastasio Somoza Debayle estaba más preocupado por su salud que por la guerrilla sandinista, que intentaba acabar con el régimen desde inicios de los años sesenta. Somoza pesaba 267 libras y temía sufrir problemas cardíacos, mientras que, según cálculos del Departamento de Estado norteamericano, los sandinistas no pasaban en ese momento de unos 50 guerrilleros.

Cuatro años después, el 20 de enero de 1981, el presidente Carter, demócrata, no pudo reelegirse y fue vencido electoralmente por el republicano Ronald Reagan. Para ese momento Somoza Debayle tenía ya cuatro meses de haber sido asesinado en Asunción, Paraguay, y los sandinistas un año y medio de gobernar en Nicaragua, instalando en el país una dictadura de corte marxista, allegada a Cuba y a la Unión Soviética, enemigos de los Estados Unidos.

Carter, el presidente número 39 de los Estados Unidos, llegó al poder con la idea de promover los derechos humanos. Sus críticos consideran que con esa mentalidad Carter comenzó a presionar y a desestabilizar a las dictaduras de derecha en Latinoamérica, porque eran represivas, pero, al mismo tiempo, se mostró demasiado comprensivo con las dictaduras marxistas, supuestamente para no caer en los intervencionismos de sus antecesores. Aún estaba muy fresca la derrota de Estados Unidos en Vietnam.

Tras abandonar la presidencia, Carter no se fue al retiro, sino que se dedicó a promover la paz y la democracia a través del Centro Carter, fundado en 1982, mediante el cual ha continuado sus nexos con Nicaragua y ha sido clave como observador en varios procesos electorales, especialmente en 1990, cuando conminó a Daniel Ortega a aceptar la derrota y a propiciar una transición pacífica del poder.

Tras la crisis de abril de 2018, cuando Ortega reprimió con armas de guerra y paramilitares las protestas cívicas, Carter ha instado al dictador a que ponga fin a la represión y a la persecución tanto de los ciudadanos como de los medios de comunicación.

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Carter llegó a la presidencia en un momento en que los ciudadanos de Estados Unidos habían perdido la confianza en sus líderes y en el país como potencia mundial.

Entre 1964 y 1973, los Estados Unidos intervinieron militarmente para que las dos Vietnam, la del Sur y la del Norte, estuvieran unificadas y libres de la influencia del comunismo. Cerca de 58 mil soldados estadounidenses murieron lejos de su país, y unos 1,700 se reportaron como desaparecidos. La población norteamericana se indignó con el gobierno estadounidense. En todo el país se iniciaron movimientos pacifistas.

Durante toda la guerra, entre 1955 y 1975, murieron unos cuatro millones de vietnamitas y, tras la retirada de los soldados norteamericanos, finalmente Vietnam del Norte venció al sur y se estableció una sola Vietnam influenciada por la Unión Soviética y la China comunista.

La guerra de Vietnam condicionó la política exterior de Jimmy Carter, quien no quería repetir los errores de sus antecesores. En la imagen, el cuartel general de la Primera División de Infantería de Marina cerca de Danang, Vietnam, en 1968. FOTO/ ISTOCK

Por otra parte, apenas tres años antes, en 1974, el presidente Richard Nixon se vio obligado a renunciar tras el escándalo conocido como Watergate. Cinco hombres fueron detenidos en un edificio que lleva ese nombre, sede del Partido Demócrata, y, aunque oficialmente se trató de encubrir el caso, el Washington Post llegó a fondo y reveló que los detenidos andaban colocando micrófonos para escuchar conversaciones de los rivales políticos de Nixon.

Gerald Ford terminó el periodo de Nixon y después fue electo Carter, quien se sintió presionado por ser el primer presidente escogido mediante elecciones después de lo de Vietnam y del Watergate.

En un intento por cambiar la imagen de Estados Unidos como país intervencionista, y que apoyaba a dictaduras crueles, desde antes de ser presidente Carter ya abogaba por que se le negaran préstamos o se les concediera ayuda económica y militar a los países gobernados por dictaduras.

Algunos analistas estadounidenses, como Robert Pastor, señalan que tanto Nixon como su sucesor Gerald Ford le habían prestado poca atención al tema de los derechos humanos.

Al principio, la política de derechos humanos de Carter estaba dirigida a atacar a los países socialistas de Europa del Este, pero el mandatario norteamericano se dio cuenta de que también debía limpiar la imagen de Estados Unidos apoyando a las más “tenebrosas” dictaduras en América Latina.

Ahí es cuando el dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle comienza a ser afectado, pues desde que escuchó los primeros discursos de Carter supo que estaba en problemas, que era un presidente estadounidense distinto a los demás que habían apoyado a su familia, desde que Anastasio Somoza García fue nombrado director de la Guardia Nacional en 1933 y luego se convirtió en presidente de Nicaragua en 1937.

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Al principio de su gobierno, Carter no se interesó en Nicaragua. Era mucho más importante un nuevo tratado con Panamá sobre el canal.
“Fue el reto político más difícil de mi vida”, dijo Carter en 1999 sobre la firma del tratado Torrijos-Carter, firmado el 7 de septiembre de 1977.

Desde los años sesenta, con Lyndon B. Johnson, se les había prometido a los panameños que habría un nuevo tratado sobre el canal, pero ningún presidente lo había hecho porque era algo impopular en Estados Unidos, donde muchos pensaban que el canal era de Estados Unidos porque se había construido con dinero de sus ciudadanos.

Carter explicó sus razones para ser él quien firmara el nuevo tratado: “Entendí muy claramente que nuestra relación con la región (latinoamericana) se vería afectada si no teníamos un tratado sobre el canal. Y también porque creía y creo que era lo correcto”, dijo.
El tratado Torrijos-Carter hizo posible que a partir del año 2000 el canal sea administrado por autoridades panameñas y terminó la ocupación que sobre la franja mantenía Estados Unidos.

Un tratado con Omar Torrijos, sobre el canal de Panamá, fue la prioridad de Jimmy Carter en Latinoamérica, en su primeros dos años de gobierno. FOTO/ ISTOCK

En su primer año de gobierno, Carter no tuvo tiempo para Nicaragua. Se acercó al presidente panameño Omar Torrijos por el tema del canal y al presidente venezolano Carlos Andrés Pérez debido al interés por las grandes reservas del petróleo de ese país sudamericano. Casualmente, tanto Torrijos como Pérez eran adversos a Somoza.

Según el exfuncionario de Carter, Robert Pastor, hubo un alejamiento de Carter con Somoza porque el dictador nicaragüense era represivo y autoritario. Carter pensaba que la represión somocista era la causa de la inestabilidad en Nicaragua y los sandinistas eran un síntoma, pero no la causa, indica Pastor en varios análisis que ha escrito sobre el tema.

Lo único que le interesaba a Carter de Nicaragua era la situación de derechos humanos y una semana después de haber asumido la presidencia suprimió la ayuda militar a Somoza. En abril de 1977 el comité de asignación de fondos también restringió ayuda económica a Somoza mientras se aclaraba si había mejorado o no la situación de derechos humanos. En ese momento había 350 denuncias contra Somoza por violación de derechos humanos, explicó el mismo dictador en su libro Nicaragua traicionada.

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El 28 de julio de 1977, Somoza sufre un infarto. Pasó tres meses en un hospital de Miami.

Somoza no pudo asistir a la firma del tratado Torrijos-Carter en Washington, a pesar de que deseaba ir y el propio Torrijos lo llamó para invitarlo.

A Carter sus asesores le aconsejaron que no invitara a la firma a ningún dictador, sino únicamente a los mandatarios considerados democráticos. Pero el tratado era tan importante para Carter, para que todo el mundo supiera que tenía el respaldo de Latinoamérica, que decidió invitar a todos los mandatarios. De todas maneras, Somoza no pudo ir.

Somoza regresa a Nicaragua y se ve obligado a levantar un estado de sitio y una ley marcial que tenía 33 meses de haberlas implantado, luego de que en diciembre de 1974 un comando sandinista había atacado la residencia del exfuncionario somocista José María Castillo con varios funcionarios de gobierno dentro.

Somoza confesó que él era un gran aliado de Estados Unidos y denunció que Jimmy Carter traicionó esa relación y por eso subieron al poder los sandinistas. FOTO/ CORTESÍA/ HÉCTOR ATILIO CARBALLO

El estado de sitio y la ley marcial habían aislado a Somoza, quedándose solo con la Guardia Nacional para hacerle frente a los ataques de los sandinistas, las protestas populares y el descontento de la burguesía que veía como la familia del dictador acaparaba los negocios en medio de mucha corrupción, según explican diversos analistas nacionales y extranjeros. Además, tenía encima la presión de Carter con el tema de los derechos humanos.

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Sin ley marcial ni estado de sitio, se hicieron notar más las protestas. El director de La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro, a través de sus editoriales, denunciaba la corrupción del gobierno somocista.

Los sandinistas lanzan una ofensiva en octubre de 1977. La idea era tomar el poder aprovechando la, en ese momento, precaria salud de Somoza y despertar en la población urbana un interés por unirse a las filas armadas del FSLN, que en ese momento estaba diezmado tras la muerte de varios de sus líderes, especialmente de su fundador Carlos Fonseca Amador.

Al mismo tiempo, los sandinistas atacaron San Carlos, Ocotal y Masaya.

Para ese momento también nace el Grupo de los Doce. Con el apoyo del escritor Sergio Ramírez Mercado, la facción tercerista del FSLN, dominada por Daniel y Humberto Ortega, crea un grupo de 12 intelectuales que servirán como embajadores ante el mundo de la lucha contra Somoza.

La situación en Nicaragua se agravó el 10 de enero de 1978, cuando en una calle de Managua es asesinado el director de La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro. El pueblo se lanzó a las calles a protestar y a pedir la renuncia de Somoza.

Además de dirigir al medio más importante del país, Chamorro era también el líder más visible de la oposición en Nicaragua. Los opositores en ese momento estaban disgregados y con la muerte de Chamorro se perdía también capacidad de convocatoria.
Mientras todo eso pasaba, Carter tenía descuidada a Nicaragua.

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El presidente venezolano Carlos Andrés Pérez había sido gran amigo de Pedro Joaquín Chamorro. Cuando asesinan al periodista nicaragüense, Pérez lo siente y el 31 de enero de 1978 le manda una carta a Jimmy Carter.

Robert Pastor cuenta que Pérez en la carta le describe en la carta la difícil situación que vive Nicaragua, pero no le cuenta que ya se puso de acuerdo con Torrijos y el presidente costarricense, Daniel Oduber, para derrocar a Somoza.

Poco tiempo después, Carter le manda una carta a Pérez pidiéndole consejo sobre cuál sería la respuesta adecuada a la violación que hace Cuba del principio de no intervención, ya que Fidel Castro intentaba siempre exportar la revolución a otros países latinoamericanos.
Pérez no le responde a Carter, ni recibe al embajador de Estados Unidos en Venezuela hasta que rea respondida la carta que él mandó en enero tras el asesinato de Chamorro.

De esa manera, explican otros analistas, Carter fue obligado a ver hacia Nicaragua.

En febrero de 1978, Somoza da conferencia de prensa y dice que se quedará en el poder hasta que termine su mandato en 1981 y luego dejará la presidencia y la jefatura de la Guardia Nacional. Para sus opositores esa fue una mala noticia, porque significaba que la situación de Nicaragua seguiría igual.

A Jimmy Carter se le señala no haber puesto la suficiente atención a Nicaragua al inicio de su mandato presidencial. FOTO/ ARCHIVO

En marzo del 78, Pérez y Carter hablan sobre Nicaragua por primera vez.

Tras la muerte de Chamorro, emerge como principal líder de la oposición civil en Nicaragua el empresario Alfonso Robelo, quien se reúne en agosto de 1978, en San José, con los terceristas y con el Grupo de los Doce.

De alguna manera, Carter estaba dejando en manos de Pérez la situación de Nicaragua, porque, mientras Estados Unidos mantenía su posición de no intervenir en los asuntos internos del país centroamericano, de manera directa, el presidente venezolano enviaba dinero y armas a los sandinistas, gracias al buen precio del petróleo en ese momento. Según Pastor, el receptor de esos fondos era Edén Pastora.

Disminuido, Somoza hace intentos por agradar a la política de derechos humanos de Carter en junio de 1978, y promete que dejará entrar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), además de que permite el regreso al país del Grupo de los Doce y también expresó que consideraba una amnistía para todos los reos políticos.

Entusiasmado por las palabras de Somoza, Carter le envía una carta personal en julio, felicitándole por comprometerse a hacer cambios en materia de derechos humanos.

La carta no era oficial, no debía revelarse el contenido, pero se filtra, provocando molestias en todas partes. Entre los sandinistas, porque veían el apoyo de Estados Unidos a Somoza. Y en Estados Unidos se molestan con Carter porque ven una contradicción en la política de derechos humanos. Gente del propio equipo de Carter se molesta con el presidente porque consideran que Somoza no ha cumplido ninguna de sus promesas de hacer cambios en la situación de derechos humanos y Carter no podía dejarse llevar solo por las palabras del dictador.

La noticia sobre la carta, aunque no se conoció todo el contenido de la misma, se produjo en un momento en que Estados Unidos se debatía si se le daba ayuda militar a Somoza o no.

Según los analistas, Carter se enfrentaba a un dilema. Su problema no era quitarle el apoyo a Somoza o no, sino, a quién se lo daba después de la salida del dictador. El mandatario estadounidense no confiaba en los sandinistas, pero su indiferencia hacia Nicaragua en los primeros años de gobierno no le habían granjeado un acercamiento con la oposición nicaragüense, la cual además estaba debilitada.

Existía en ese momento el Frente Amplio Opositor (FAO), dirigido por Robelo, pero no tenía la capacidad de convocatoria que sí tenían los sandinistas.

Carter deseaba algo que los sandinistas llamaron “un somocismo sin Somoza”. Es decir, la idea de Carter era quitar a Somoza, pero evitar un triunfo militar de los sandinistas y ayudar a que el poder fuera transferido a una opción de centro.

De esa manera, Carter fue evitando tomar decisiones que, para sus antecesores, y menos aún para su predecesor Ronald Reagan, no habría sido difícil tomarlas.

Carter intentaba “maquillar” a Somoza para mientras hallaba una solución que satisficiera los intereses de Estados Unidos, pero todo se comenzó a derrumbar cuando en agosto de 1978 los sandinistas se tomaron el Palacio Nacional con los congresistas nicaragüenses dentro, incluido un primo de Somoza.

Somoza terminó de agravar la situación cuando, tras una ofensiva militar de los sandinistas en septiembre de 1978, ordenó bombardear objetivos civiles en varias ciudades del país y ejecutó lo que se denominó Operación Limpieza.

Las operaciones limpieza que ejecutó Somoza en septiembre de 1978 terminaron de desnudarlo como un dictador represivo ante los ojos de Jimmy Carter. FOTO/ ARCHIVO/ CORTESÍA/ IHNCA

Tras esa insurrección, solo en León y en Estelí fueron asesinados por la Guardia unas 500 personas, y otras 200 en Masaya, producto de las “Operaciones Limpieza”. De acuerdo con la revista Stern, en Estelí hubo más de 100 muertos entre los ataques y la “Operación Limpieza”.

Luego de eso, Somoza reinstaló la ley marcial.

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Somoza tenía defensores en el Congreso de Estados Unidos, explican analistas norteamericanos, quienes en su mayoría coinciden que Carter decidió salir de Somoza tras las operaciones limpieza de septiembre, solo que aún no hallaba cómo el poder fuera transferido a una fuerza opositora de centro y que no fueran los sandinistas.

En un intento más por no caer en el injerencismo directo, Carter procuró un plebiscito en la Organización de Estados Americanos (OEA), para determinar si Somoza debía continuar o no en el poder y realizar elecciones libres, pero Somoza rechazó las condiciones del mismo a finales de diciembre de 1978.

Tras ver la posición de Somoza, en febrero de 1979 Carter decide sacar a la mitad del personal de la embajada de Estados Unidos en Nicaragua y liquidar las misiones militares y la ayuda económica a Somoza.

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Con la ayuda de Fidel Castro, en marzo de 1979 se une el FSLN, el cual hasta entonces estaba dividido en tres facciones. Seguidamente, en junio de 1979, los sandinistas lanzan ofensivas contra Somoza, una militar y otra diplomática.

El asesinato de un periodista norteamericano, Bill Stewart, a manos de la Guardia de Somoza, terminó de rematar al dictador. Sus amigos en el congreso norteamericano ya no pudieron hacer nada por él. Estados Unidos le quitó definitivamente el apoyo.

El 20 de junio de 1979 se instala una reunión en la OEA para decidir el futuro de Somoza. Carter, intentando evitar que los sandinistas triunfen totalmente, propone que un cuerpo de paz sea enviado a Nicaragua para que supervise un cese al fuego entre la Guardia y los sandinistas y la integración de las dos fuerzas armadas en una sola.

Los sandinistas conocen la experiencia de Jacobo Arbenz en Guatemala, en 1954, y de Salvador Allende en Chile, en 1973, de que no funciona una revolución sino se elimina totalmente al ejército del dictador, y por eso se apoyan en países como México, Venezuela, Costa Rica y Panamá, para que no triunfe la moción de Carter.

Los sandinistas querían que la Guardia Nacional fuera eliminada totalmente y Carter deseaba conservarla.

Somoza y Jimmy Carter intentaron preservar a la Guardia Nacional, pero los sandinistas sabían que ellos no podrían gobernar con ejército combinado de guardias y guerrilleros, por lo que lucharon hasta el final para que la Guardia desapareciera. FOTO/ ARCHIVO/ CORTESÍA/ IHNCA

Finalmente, Carter, quien no quiso usar otra vía para evitar el triunfo de los guerrilleros, es derrotado en la vía diplomática por los sandinistas. El 23 de junio de 1979, la decimoséptima reunión de consulta de ministros de relaciones exteriores de la OEA emitió una resolución decretando que Somoza debía ser reemplazado de inmediato en el poder.

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Somoza negocia refugio en Estados Unidos y sale para siempre de Nicaragua el 17 de julio de 1979. Deja a Francisco Urcuyo Maliaños en la presidencia para que entregue el poder a una junta de gobierno, pero Maliaños se envalentona y dice que no saldrá hasta terminar el periodo de Somoza.

Ya Carter no puede hacer mucho. Urcuyo huye un día después a Guatemala y el 19 de julio se desintegra la Guardia Nacional.
La junta de gobierno, dominada por sandinistas, con Daniel Ortega a la cabeza, celebra en Managua el triunfo, el 20 de julio.

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Ya instalados en el poder los sandinistas, Carter decide establecer relaciones cordiales con ellos. Llega a gestionar una ayuda de 75 millones de dólares, pero el proceso se vuelve engorroso en el congreso norteamericano porque a Estados Unidos llegaban reportes negativos.
Primero, varios líderes sandinistas utilizaban un discurso confrontativo hacia Estados Unidos. En cada reunión se cantaba el himno del FSLN, el cual dice que los “yanquis” son “enemigos de la humanidad”. Y en sus disertaciones, los comandantes sandinistas hablaban de Estados Unidos como imperialistas.

Lo que más preocupaba en Estados Unidos es que los sandinistas fueran a apoyar a otras guerrillas de izquierda en Centroamérica, especialmente en Guatemala y El Salvador.

Si Carter quería entablar buenas relaciones con los sandinistas era para que Nicaragua no se convirtiera en otra Cuba. El 26 de julio de 1979, varios miembros de la junta de gobierno sandinista, entre ellos Daniel Ortega y el empresario Alfonso Robelo, fueron a Cuba a la celebración del asalto al Cuartel Moncada y en septiembre siguiente fueron a Washington a reunirse con Carter, quien, según diversas fuentes noticiosas, los agasajó en la Casa Blanca.

Daniel Ortega, Sergio Ramírez y Alfonso Robelo, fueron recibidos en 1980 por Jimmy Carter en la Casa Blanca. FOTO/ ARCHIVO

En 1980 se aprueba en el congreso norteamericano la ayuda para Nicaragua, pero con la condición de que los sandinistas se comprometieran a no intervenir en asuntos internos de otros países.

Los sandinistas tratan de ganar réditos políticos e invitan a Carter para la celebración del primer aniversario de la revolución sandinista, a celebrarse el 19 de julio de 1980 en la plaza de la Revolución en Managua.

Carter la piensa para asistir porque está en año electoral.

Los sandinistas también invitan al evento a connotados enemigos políticos de Estados Unidos como el presidente cubano Fidel Castro y al líder palestino Yasser Arafat. Carter decide no asistir a la celebración.

Aquejado por problemas económicos en Estados Unidos, especialmente por los precios de los combustibles, así como una crisis que se vivió en Irán, donde se produjeron rehenes estadounidenses cuando la embajada norteamericana fue tomada por soldados del ayatola Jomeini, Carter finalmente perdió las elecciones ante el republicano Ronald Reagan.

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Sin embargo, todavía tuvo tiempo para actuar una última vez respecto a Nicaragua. Días antes de salir de la presidencia, en enero de 1981, suspendió la última parte de la ayuda a los sandinistas, unos 15 millones de dólares, porque se descubrió que el FSLN había ayudado con armas a la guerrilla salvadoreña para un intento de ofensiva final que realizaron pero que fue fallida.

Fue un mal cálculo de los sandinistas, porque sus amigos salvadoreños del FMLN no triunfaron y ellos perdieron la ayuda de Estados Unidos.

Después vino Reagan y su apoyo a la contrarrevolución.

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El nombre completo es James Earl Carter junior. Nacido en el Estado de Georgia en octubre de 1924, Carter era hijo de un próspero tendero, de la religión baptista, y se casó a los 21 años de edad con su amiga de la infancia Rosalynn Smith, con quien procreó cuatro hijos.

Carter fue militar y se desempeñó como oficial de submarinos en la Armada estadounidense. Se preparaba para ser el jefe de un submarino cuando su padre, del mismo nombre, falleció por un cáncer de páncreas. También su madre, Lillian Gordy, y tres hermanos menores murieron de cáncer.

El futuro mandatario estadounidense se salió de la marina para dedicarse al negocio de su padre, una plantación de maní.

Los buenos beneficios que obtenía los utilizó para labrarse una carrera dentro del partido Demócrata, dentro del cual se convirtió en senador. Luego llegó a ser gobernador del Estado de Georgia.

En 1972 tuvo una frustrada aspiración a ser candidato a vicepresidente, pero a partir de 1974 trabajó en su candidatura a presidente, para lo cual fue nominado por el partido Demócrata en 1976, resultando vencedor sobre el republicano Gerald Ford.

El hogar de la infancia de Jimmy Carter, en Plains, Georgia. FOTO/ ISTOCK

Como presidente, además de tolerar la subida al poder de los sandinistas en Nicaragua, Carter quiso transmitir una imagen de honestidad y hacer de los derechos humanos parte de la política exterior de su país, lo cual practicó hasta con la Unión Soviética, país con el cual Estados Unidos estaba enfrascado en la “Guerra Fría”.

Vivió como presidente la invasión soviética de Afganistán, accedió a entregar la soberanía del Canal a Panamá y estableció relaciones diplomáticas con China Popular.

Carter salió de la presidencia en enero de 1981 y en 1982 fundó junto a su esposa el Centro Carter, desde el cual ha servido como mediador de conflictos, promotor de la democracia y observador electoral en más de 100 procesos en 38 países. En 2002 le otorgaron el premio Nobel de la Paz.

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Si Carter no pudo evitar la llegada al poder de los sandinistas, sí pudo llegar a Nicaragua para ver su caída cuando perdieron las elecciones de 1990 con Violeta Barrios de Chamorro.

Carter arribó al país el 16 de septiembre de 1989, al frente de la misión observadora del Centro Carter. “Era el observador de más alto rango”, dijo sobre él el jefe de campaña de doña Violeta, su yerno Antonio Lacayo.

El día de las elecciones, el 25 de febrero de 1990, mientras se realizaban las votaciones, corrió la noticia de que la tinta indeleble, con la que se marcaba el dedo de los votantes, no lo era tanto, porque se borraba con cloro.

Carter llamó a los dos principales jefes de campaña, Lacayo por la UNO y Bayardo Arce por el FSLN, y a uno por uno los conminó a decidir si aceptarían los resultados electorales a pesar de la mala calidad de la tinta indeleble.

Lacayo cuenta en su libro La difícil transición nicaragüense que él dijo que sí porque sabía que iban ganando las elecciones y si las mismas se suspendían después sería difícil que los sandinistas no cometieran fraude, sabiendo que ese día los nicaragüenses habían votado en contra de ellos.

Arce también dijo que los sandinistas aceptarían los resultados.

Carter, Ortega y doña Violeta reunidos en la casa de ella, en 1990, tras la derrota electoral de Ortega. FOTO/ ARCHIVO

El ya fallecido Dionisio Marenco relató, en una entrevista con la revista Envío, que el Consejo Supremo Electoral, dominado por el FSLN, “tenía instrucciones muy claras: a las 7:00 de la noche debía leer las primeras cuatro juntas receptoras de votos que le llegaran, con los cuatro resultados más apabullantes, para marcar una victoria del Frente 4 a 0, con cien votos de diferencia en cada mesa”.

A las 7:00 de la noche no hubo presentación de los primeros resultados.

El presidente, Mariano Fiallos, salió a brindar resultados hasta las 7:30 de la noche. “Leyó los resultados de cuatro mesas, como le habíamos dicho, pero en dos ganábamos y en dos perdíamos. Y en las que ganábamos era por muy poquito... Qué raro...”, comentó Marenco.

Después los sandinistas comenzaron a hacer los cálculos y se dieron cuenta de que habían perdido. Todos en el FSLN se llenaron de nervios.
A las 10:00 de la noche Carter llamó a Marenco. “Quiero hablar con el presidente Ortega”, dijo. Marenco le dijo que Ortega no estaba, pero Carter insistió en que quería hablar con él. “Dígale al presidente Ortega que si no se me pone al teléfono yo voy a anunciar que perdió las elecciones, no quiero hacerlo sin que él lo sepa”, advirtió Carter

Marenco tuvo que decirle a Ortega: “¡Daniel, dice este hombre que vamos de viaje y que, si no habla con vos, él lo destapa!”.

Siempre según Marenco, cuando Ortega y Carter se vieron, a la medianoche, el norteamericano expresó: “¿Qué tal, Daniel, ¿cómo estás? Mira, te quiero decir que perdiste las elecciones, pero no te preocupes, eso pasa. A mí me pasó y aunque al principio uno se siente mal, después te vas a componer”.

Ortega dijo que todavía faltaban los resultados de mil mesas, pero Carter nuevamente avisó: “No, no, si vos no reconocés, yo lo voy a decir ya y se va a armar un relajo”.

A las 6:00 de la mañana del 26 de febrero de 1990, Ortega reconoció la derrota electoral.

Carter se reunió con doña Violeta, la felicitó y advirtió a los ganadores que era importante no humillar a los sandinistas.

El expresidente norteamericano luego ayudó a que hubiese una reunión entre Antonio Lacayo y los hermanos Ortega para que se realizara una transición pacífica y además aconsejó los problemas de propiedades se resolvieran bajo el marco de las leyes, según relató Lacayo.

Carter acompañó el proceso hasta que doña Violeta tomó posesión el 25 de abril de 1990.

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En diciembre de 2013, un turista causó revuelo en la playa de San Juan del Sur, en Rivas. Era Carter. Llegó con su esposa y una comitiva de 30 personas. El diario La Prensa publicó que el exmandatario estaba en Nicaragua de vacaciones porque su jefe de seguridad, Alejandro Mántica, es nicaragüense y habían llegado a la boda de un pariente de este último.

Según declaraciones del ya fallecido exministro de la Presidencia, Antonio Lacayo, recogidas en ese momento por La Prensa, Carter le envió una carta en mayo de 2013 a Daniel Ortega en la cual le informaba que llegaría al país en fin de año, pero Ortega no le contestó.

Carter y su esposa Rosalynn en un restaurante de San Juan del Sur, en enero de 2014. FOTO/ TOMADA DE EL NUEVO DIARIO

Desde la primera vez que Carter se sentó a hablar sobre Nicaragua con el presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, en marzo de 1978, Carter ha estado muy ligado al país.

No solo llegó para observar las elecciones de 1990, sino también las de 1996, 2001, 2006 y 2011. Para las dos últimas elecciones el Centro Carter no fue invitado por el dictador Daniel Ortega, quien desde las elecciones municipales de 2008 maneja un concepto de que en Nicaragua no existe observación electoral, sino solo “acompañamiento”.

Carter también se ha pronunciado sobre la sangrienta y criminal represión que Ortega practica desde abril de 2018.

A través del Centro Carter, el exmandatario estadounidense El Centro Carter ha expresado profunda preocupación por las violaciones de derechos humanos cometidas por Ortega y su régimen, así como por la persecución en contra de las organizaciones de la sociedad civil y los medios de comunicación.

En mayo de 2018, cuando había diálogo en el país, Carter envió a un equipo de apoyo para el mismo.

A los 97 años de edad cumplidos, Carter todavía habla sobre la situación en Nicaragua. En junio pasado, cuando Ortega desató una cacería en contra de los opositores, Carter habló por teléfono con el Secretario de Estado, Antony J. Blinken, para conversar “sobre el deterioro de la situación en Nicaragua”. Así lo informó en un breve comunicado el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price.

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