Rubén López Ardón, el obispo que desapareció sin decir adiós

Reportaje - 03.07.2022
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Su paradero es un misterio. Su familia dice no saber nada de él desde hace 35 años. Se trata del único obispo católico de Nicaragua que renunció joven, a los 56 años de edad. Ni siquiera se despidió de sus feligreses cuando se fue a México

Por Redacción Magazine

Desde que era seminarista, monseñor Rubén López Ardón tenía problemas en la garganta. De repente, perdía la voz. En la última parte de los años ochenta del siglo pasado, cuando era obispo de la Diócesis de Estelí, viajaba constantemente a México, para recibir tratamiento médico.

En uno de esos viajes, en 1987, ya no volvió. “Monseñor (López Ardón) cortó radicalmente todo contacto con Estelí, y pienso que hasta con Nicaragua, pues ni a la muerte de su madre (Antonia Ardón) se hizo presente”, explica ahora monseñor Abelardo Mata, el obispo que le sucedió en la Diócesis de Estelí y quien, casualmente, acaba de dejar ese cargo luego que el papa Francisco le aceptó la renuncia.

“Se fue sin decir adiós”, indica el exsacerdote Zacarías Reyes Vílchez, quien era muy amigo de monseñor López Ardón y ha investigado qué pasó con el obispo, pero hasta ahora no ha logrado descubrir si todavía está vivo o ya es fallecido.

“Se lo tragó la tierra”, expresa el cantautor Carlos Mejía Godoy, quien fue compañero de López Ardón en el Seminario Interdiocesano de Nicaragua en los años 50 del siglo pasado, y quien también ha buscado saber del sacerdote sin éxito.

Ni siquiera la familia del obispo, oriunda de Ocotal, conoce qué le ocurrió a monseñor López Ardón. “No se sabe qué le pasó. No hay certeza de nada. No se sabe si está vivo o muerto”, explica el padre Freddy López, párroco de la iglesia San Francisco de Asís, quien es sobrino en segundo grado de López Ardón.

A pesar de ello, una sobrina del cura, Yessica López Calero, asegura que personas de La Trinidad, Estelí, donde López Ardón pasó sus primeros años como sacerdote, aseguran que él está vivo en México. Lo que Yessica aclara es que su papá Abel López Ardón realmente tiene 35 años de no saber de su hermano.

Tras la desaparición del obispo, a pesar de que todos sabían de los problemas de salud que López Ardón iba a tratarse a México, los campesinos de las comarcas que él visitaba comenzaron a preocuparse, pues era una época en la que los sacerdotes sufrían acoso y persecución por parte de la dictadura sandinista de los años ochenta.

“A nadie le ha escrito desde entonces, porque así es el padre, callado y misterioso. Seguramente quiere darnos una sorpresa, de su curación final, pero a su tiempo, indicó a un periódico en 1989 el campesino Concepción Mairena, habitante de La Trinidad, en Estelí, y uno de los feligreses católicos que más extrañaba en ese tiempo a López Ardón.

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Delgado, moreno, muy serio, “demasiado serio”, austero, talentoso, callado, humilde, sacrificado, místico, bondadoso. Así describen varias personas a monseñor Rubén López Ardón, algunas de las cuales agregan que era muy entregado al trabajo pastoral y no se le veían pretensiones de ostentar algún cargo importante dentro de la iglesia católica, sino que más bien trataba de mantenerse al margen de esas situaciones.

Cuando fue nombrado obispo de Estelí, en julio de 1978, se le convirtió en un problema, explicó su mamá Antonia Ardón a un periódico en 1989, porque él estaba enfermo, “con la voz cascada”, y, además, el cargo lo obligaba a estar en el foco de atención pública, cuando él prefería trabajar en las comunidades.

El entonces obispo Rubén López Ardón aparece en esta imagen al lado derecho de Daniel Ortega, en una reunión en la que junto a monseñor Julián Barni visitaron a Ortega y a Sergio Ramírez, miembros de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional a inicios de los años ochenta. FOTO/ ARCHIVO

Sin embargo, el mayor problema que tenía monseñor López Ardón era que se enfermaba mucho. El cantautor Carlos Mejía Godoy recuerda que, cuando era seminarista, él veía como a López Ardón la familia le llevaba medicamentos especiales al Seminario Interdiocesano Nacional.

El padre Osvaldo Montoya, quien también fue compañero de seminario de López Ardón, le recuerda especialmente el problema en la garganta.

Con los tratamientos que se iba a hacer a México, el obispo había mejorado de su situación en la garganta, que, según Montoya, era como un cáncer.

Sus excompañeros de seminario, y de sacerdocio, lo que más destacan de López Ardón es su preparación académica y sacerdotal. En el Seminario Interdiocesano era el mejor estudiante de latín, el idioma oficial de la iglesia católica. Carlos Mejía Godoy recuerda que él se le acercó a López Ardón porque veía lo bien que manejaba el latín.

López Ardón, nacido en Ocotal en 1934, se fue a estudiar a la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, tras terminar sus estudios en el Seminario Nacional y allá se graduó como licenciado en filosofía y con un diplomado en teología pastoral y liturgia.

En Roma lo ordenaron sacerdote en diciembre de 1961 y, cuando regresó a Nicaragua, en 1964, lo asignaron a La Trinidad, Estelí, donde se ganó el corazón de los feligreses.

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La zona norte de Nicaragua, en las últimas décadas, especialmente mientras ha habido conflictos armados, ha sido muy difícil y monseñor Rubén López Ardón la sufrió mientras fue obispo de Estelí en los años ochenta, cuando había una guerra civil entre sandinistas y contras.

En esos años, la relación de la iglesia católica con los gobernantes sandinistas fue muy complicada, pero, según diversas fuentes, el obispo López Ardón se mostraba dispuesto a recibir a los dirigentes sandinistas o a participar en sus actividades.

“(López Ardón) era un pastor con capacidad de diálogo, pero por su apertura al proceso revolucionario la Conferencia Episcopal lo marginó. Él no soportó las presiones, atravesó una dolorosa crisis personal y decidió irse del país hacia México, donde actualmente está viviendo totalmente al margen de cualquier compromiso eclesial”, escribió en 2009, en la revista Envío, el religioso dominico de la Orden de Predicadores Rafael Aragón.

Los periódicos de los años ochenta muestran diversas actividades en las que el obispo López Ardón participó junto a dirigentes sandinistas. Destaca una fotografía, en 1983, en la que se le aprecia junto a monseñor Julián Barni, en una visita que le hicieron a Daniel Ortega y Sergio Ramírez, miembros en ese momento de la Junta de Gobierno y Reconstrucción Nacional (JGRN).

Según contó en un blog el padre Canuto Barreto Michel, el obispo López Ardón, “apartándose de los demás obispos conservadores de Nicaragua, decidió abrir su propio seminario en las afueras” de la ciudad de Estelí, y llamó a Canuto para ser el rector.

Fue muy conocido también el apoyo que siempre le brindó al sacerdote sandinista Miguel D'Escoto Brockmann, así como las lamentaciones que hizo cuando los contras mataron al matrimonio sandinista de Felipe y María Eugenia Barreda.

Al final de sus días como obispo de Estelí, monseñor López Ardón se encontraba física y mentalmente “deteriorado”, explican documentos biográficos sobre el sacerdote, debido a que en la Diócesis de Estelí había “polarización del clero”, además de las exigencias de sus labores como pastor y “el escenario de guerra que se vivió la región de Estelí durante la década de los años ochenta”.

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Abel López Ardón vive aún en la ciudad de Ocotal, en Nueva Segovia. Desde el año de 1987 no ha visto a su hermano, el obispo Rubén López Ardón. Y, la última vez que supo de él fue en 1990, cuando falleció la madre de ambos, Antonia Ardón de López.

Monseñor López Ardón había roto de manera abrupta con todo lo relacionado con Nicaragua. El sacerdote Freddy López, su sobrino en segundo grado, cuenta que cuando murió la mamá del sacerdote, él solo envió una petición al padre José del Carmen Suazo, para que le celebrara misas a doña Antonia Ardón.

Fue la última vez que sus familiares supieron algo de monseñor López Ardón. Desde entonces, solo saben que está vivo en México, explica Yessica López Calero, hija de Abel y sobrina del sacerdote.

Fotografías cortesía de William Frank Gentile
La guerra de los años ochenta fue desgastante para monseñor López Ardón, como obispo de Estelí en esa época. FOTO/ ARCHIVO

Monseñor Abelardo Mata, quien sucedió a López Ardón como obispo de Estelí, cuenta que en sus primeros años en el cargo trató de “cumplir con (su) mi obligación de velar por él”.

Mata recuerda que en una ocasión llegó una ayuda para cada obispo de Nicaragua, de parte del Comité para América Latina (CAL) del Vaticano y la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) pensó en monseñor Rubén López Ardón, quien ya estaba en México y destinó mil dólares para él.

“Yo fui encargado de hacerlos llegar a su destino y los llevé a la Casa Sacerdotal de la Ciudad de México, punto de referencia que el mismo señor obispo (López Ardón) me dio en los días que le recibí la Diócesis (de Estelí) en Guatemala. El dinero nunca fue retirado y fue devuelto a la tesorería de la CEN. Nunca supe su dirección después de eso”, explica monseñor Mata.

Mata tuvo que sufrir los rumores, según cuenta, de algunos familiares de López Ardón, quienes supuestamente comenzaron a decir que el obispo estaba enfermo y que Mata lo tenía “escondido” o “secuestrado”.

“Ante tal infundio, pedí a la Nunciatura que pusiera sus buenos oficios ante la Delegación Apostólica de México, para dar con el paradero de monseñor Rubén. En respuesta, recibí de parte del Nuncio de entonces que me despreocupara y de parte de monseñor (López Ardón), en una comunicación oral de un allegado a él, que no me preocupara más, que el primero en saber si algo le pasaba iba a ser yo”, aclara Mata en una entrevista con la Revista MAGAZINE.

Mata afirma que él también le realizó una novena de misas a la madre de monseñor López Ardón, cuando ella falleció en 1990.

El padre Freddy López afirma que la familia de monseñor López Ardón siempre dependió de monseñor Mata para conocer el paradero del sacerdote.

El cura explicó a MAGAZINE que, la última vez que López Ardón salió de Nicaragua, en 1987, se hospedó donde unas hermanas religiosas en México. Pero, después de la muerte de su mamá Antonia Ardón, cuando le pidió al sacerdote José del Carmen Suazo que le realizara misas, ya no supieron más de él, porque las monjas mexicanas dijeron que ya no estaba con ellas y que no conocían adónde se había ido.

La desaparición de monseñor Rubén López Ardón desató una serie de rumores, desde que había tenido conflictos con los sandinistas, hasta que “se había ido con una dama”. Pero, no se conoce la verdad realmente, explican sus amigos, como el cantautor Carlos Mejía Godoy, el exsacerdote Zacarías Reyes, y otros.

Su sobrina Yessica López Calero concluye: "Él está en México. No sabemos su localización. Lo último que supimos es que ya no es sacerdote por lo de su enfermedad. Mi papá (Abel) tiene 35 años de no saber nada al respecto”.

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