PJCHC: El héroe perseguido por Daniel Ortega

Reportaje - 02.01.2022
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A pesar de que en el primer gobierno sandinista fue declarado mártir y durante el régimen de Ortega se le designó “héroe nacional”, todo lo que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal representa está siendo perseguido y encarcelado por esta nueva dictadura

Por Hans Lawrence Ramírez

Si al doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal no lo hubiesen asesinado la mañana de aquel martes 10 de enero de 1978, probablemente hoy estaría pendiente de LA PRENSA porque el periódico era su vida.

Eso sí, estaría muy mayor. Tendría 98 años y no estaría muy feliz de ver que su país sigue bajo la bota opresora de una dictadura. Y peor aún, una dictadura familiar como la que enfrentó cuando era más joven, la de los Somoza.

Estaría junto a su esposa, la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro, y quizás estaría molesto con su hijo mayor Pedro Joaquín Chamorro Barrios por haber hecho pública la foto que le dijo que no ocupara porque se veía “gordo”.

Esa foto, donde sale usando una camisa polo blanca, pantalón oscuro, zapatillas de hebilla y su reloj ajustado un poco arriba de la muñeca, con el semblante serio y sus gafas de sol, caminando entre los escombros que dejó el terremoto de 1972, se convertiría en una de las más famosas del periodista después de su muerte.

Casualmente, la fotografía fue tomada a unas dos cuadras de donde fue asesinado.

Su hermana, Ana Chamorro de Holmann, mejor conocida como “doña Anita”, dice que también estaría muy preocupado y dolido por sus hijos Pedro Joaquín y Cristiana, quien hoy, al igual que lo fue su padre alguna vez, son presos políticos de la nueva dictadura.

Y también por su otro hijo, Carlos Fernando, quien se encuentra en el exilio al igual que su padre estuvo alguna vez por enfrentar al régimen de los Somoza desde la misma trinchera, la del periodismo.

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal junto a su esposa la expresidenta Violeta Barrios. CORTESIA FAMILIA CHAMORRO BARRIOS

“PJCH”, como conocían a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en el mundo del periodismo por sus iniciales, también le resquebrajaría en sus entrañas ver su periódico cerrado, maltratado, censurado, criminalizado.

Meterse con LA PRENSA es como meterse con el mismo Pedro Joaquín, porque “era su vida. Su trabajo casi no era trabajo. Era su vida manejarla y luchar contra las injusticias por ese medio”, dice doña Anita.

A sus 94 años, a la hermana menor del periodista le ha tocado ponerse al frente de LA PRENSA. Quien lo estaba, ahora está en la cárcel acusado de lavado de dinero. De hecho, Pedro Joaquín también estaría preocupado por él, su sobrino, Juan Lorenzo Holmann, el gerente general del diario. A su otro sobrino, Juan Sebastián Chamorro, también lo tendría presente.

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El pensamiento de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal sigue vivo, pero también perseguido. Basta con leer sus editoriales o escuchar sus discursos para saber de qué lado de la historia se encontraría hoy.

“Ser ciudadano en una democracia es muy distinto a ser súbdito en una dictadura”, decía en un editorial del 26 de noviembre de 1965.

“¿Qué respeto puede exigir un gobierno que no respeta la voluntad de los sufragantes? ¿Qué respeto tiene derecho de exigir una minoría que impide a las mayorías emitir su opinión a través de los comicios? ¿No es cierto que existen también otros partidos que no han sido legalizados por antojo del gobierno? ¿Y no es verdad que el único llamado de “oposición” legalizado es un partido fantasma? ¿Cómo se puede entonces pretender que haya respeto, si no comienzan ellos por respetar el derecho de los demás a expresar su voluntad?”, se preguntaba en el mismo editorial.

El contexto no es necesariamente el mismo y palabras más o palabras menos, su crítica calzaría como anillo al dedo a propósito de las elecciones del pasado siete de noviembre de 2021 en las que Daniel Ortega se reeligió por cuarta vez consecutiva sin ninguna competencia y sin ninguna garantía democrática.

El periodista Luis Sánchez Sancho fue uno de sus amigos más cercanos y hasta la fecha se emociona al hablar de Pedro Joaquín. Dice que es como su guía, “como mi estrella polar”.

“Él estaría viendo con mucho dolor, con mucha amargura la situación que está viviendo el país, máxime que dos de sus hijos están encarcelados, uno está exiliado, dos sobrinos están encarcelados también. Lo que hay en Nicaragua no es lo que él quería. Estaría muy amargado”, considera Sánchez Sancho.

Su hermano, Jaime Chamorro Cardenal, decía en un documental llamado “Pedro Joaquín Chamorro: Ayer y hoy” que al periodista “lo que más le molestaba era la mentira. Cuando le mentían era muy duro para él”.

Edmundo Jarquín fue su amigo y escribió una biografía llamada “Pedro Joaquín ¡Juega!” en donde lo recuerda como “franco, bravo, agudo, testarudo, lector culto, inteligente, ético, sí, por encima de todas las cosas, ético, apasionado, patriota, de decisiones rápidas: –¡Juega!–. De argumentos cortos, punzantes y articulados; urgido –“transpiraba una aureola de tensión y urgencia del mundo en que vivía”, recuerda su hijo Carlos Fernando–, caminando a zancadas, atropellando, a veces sin percatarse de cosas o de personas y por eso capaz de herir sin darse cuenta y parecer soberbio, pero humilde para disculparse después”.

Esta fue la portada del 10 de enero de 1978 del diario LA PRENSA.

El sueño de Pedro Joaquín era que Nicaragua volviera a ser República. Pensaba que el país fue República una vez durante los 30 años conservadores, época en que su bisabuelo Pedro Joaquín Chamorro Alfaro (1875 – 1879) fue presidente del país.

Según Sánchez Sancho, esa época no fue perfecta, pero había estabilidad, paz, respeto a las ideas ajenas y no había presos políticos. “Salvo cuando había alguna intentona armada que siempre han ocurrido en el país”, repara.

Jaime Chamorro, por su parte, creía que su hermano nunca hubiese aceptado la forma de gobierno que siguió al triunfo de la Revolución Sandinista y citaba a Pedro Joaquín diciendo que “Sandino era nacionalista, pero nunca comunista”.

Tras la muerte de Pedro Joaquín, fue doña Violeta Barrios de Chamorro, su esposa, la que se echó el peso al hombro de construir la República con la que su amado siempre soñaba, donde reinara la paz, donde imperara el Estado de Derecho y el respeto al pensamiento del otro. Y lo consiguió, valora Sánchez Sancho.

“Doña Violeta digamos que vivía para Pedro Joaquín. Era una pareja muy unida, donde él era un poco como el rey y ella siempre cuidándolo”, dijo el yerno de ambos, Antonio Lacayo, para un reportaje de Magazine en 2007.

Esa República sobrevivió por 16 años “con todas las limitaciones y obstáculos que impuso la oposición sandinista. Lamentablemente eso se rompió tras finalizar el gobierno del presidente Enrique Bolaños” en 2007, con el regreso de Daniel Ortega al poder, dice Sánchez Sancho.

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Ver a LA PRENSA tomada por la Policía es “un dolor espantoso”, dice doña Anita. Así es como lo hubiese sentido Pedro Joaquín, pero también tendría la convicción de que surgiría de las cenizas como él mismo decía en su editorial del cuatro de marzo de 1966 cuando el periódico cumplía 40 años de existencia.

“LA PRENSA ha sido cerrada por las dictaduras, censurada, amenazada, demandada. Sus hombres, es decir quienes le dan vida, han perdido la libertad más de una vez por largo tiempo, y sus propietarios, más de una vez han perdido también toda LA PRENSA, todos sus haberes, por decir la verdad en ella. Pero esa verdad, dolorosa como el fuego según el caso, y dura como el golpe de un mazo, ha relucido siempre con tanto fulgor, con tanto empuje, que ha hecho a LA PRENSA volver a nacer de sus cenizas”, decía en su escrito.

Es la primera vez que agentes armados de una dictadura permanecen en las instalaciones del edificio. LA PRENSA tampoco circula a nivel nacional y se ha limitado a su publicación digital hecha prácticamente desde la clandestinidad.

Carlos Fernando, Pedro Joaquín y Cristiana Chamorro Barrios. Los tres hijos de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal perseguidos por Daniel Ortega. ARCHIVO

LA PRENSA fue fundada en 1926 por el escritor Gabry Rivas y los hermanos Enrique y Pedro Belli. Posteriormente fue comprada por Pedro Joaquín Chamorro Zelaya y tras su muerte, su hijo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal asumió la dirección del periódico. Pero desde antes ya colaboraba según cuenta en su libro “Estirpe Sangrienta: Los Somoza”.

“Regresé a Nicaragua en 1948, a colaborar con mi padre en la publicación de La Prensa e introduje en la modestísima empresa que la editaba innovaciones gráficas, mejores medios de impresión y una organización totalmente distinta”, apunta el periodista.

Edmundo Jarquín en su libro biográfico, explica el cambio que llevó el mártir de las libertades públicas a LA PRENSA. “Investigativo, acucioso y hasta sensacionalista a veces; antioligárquico, social y anticomunista. Y, desde luego, frontal en su lucha contra la dictadura. Ese es el periódico que Pedro construyó a inicios de los años cincuenta, cuando aún no arribaba a los treinta años de edad”.

Tras la muerte de Chamorro Zelaya en 1951, su hijo mayor asume la dirección del periódico hasta el día de su muerte, el 10 de enero de 1978. “Ya nada volvería a ser igual en mi país y en mi vida” dice Violeta Barrios de Chamorro en su libro de memorias Sueños del Corazón.

El asesinato de Pedro Joaquín a mano de sicarios armados en plena luz del día provocó una condena internacional a la dictadura de Somoza y, para muchos, el principio del fin de su régimen. “Lo que no pudo lograr en vida, lo logró con su muerte”, escribiría el periodista Bernard Diederich, en la revista Time.

El día de su funeral las calles se inundaron de nicaragüenses llorando a Pedro Joaquín. En sus memorias, Violeta Barrios de Chamorro relata que ella esperaba que el funeral fuera más bien un evento privado y familiar, pero se dio cuenta de que su esposo era un símbolo para todo el país.

Esta fue la última fotografía que le tomaron a Pedro Joaquín Chamorro dos días antes de su muerte. Aparece junto a su amigo y yerno Edmundo Jarquín. Cortesía de la familia Chamorro Barrios

Para Sánchez Sancho lo sigue siendo y por eso, de vez en cuando, consulta sus editoriales pues, aunque sean de la época de los sesenta y setenta “tienen una validez extraordinaria, impresionante”.

Por ejemplo, estas líneas sobre la paz y la justicia que se leen en el editorial del 22 de enero de 1967. “La paz es una consecuencia de la justicia. No hay pues paz sin justicia, ni puede producirse la paz apaleando a quienes claman justicia”.

Hasta a los opositores les dejó unas líneas. “Es necesario agotar todos los recursos para lograr la unidad de la oposición, y ya es hora de comenzar a poner en juego soluciones prácticas para constituir una gran alianza, que evite la continuación vergonzosa, del fenómeno dinástico en el poder público nicaragüense”, decía en su editorial del 8 de septiembre de 1966.

“Para que sea factible esa gran Alianza – continúa en su escrito – deben producirse sacrificios, revisiones, reconsideraciones de todo género, y sobre todo sopesar con frialdad las realidades del país. Quienes no pueden unir a la oposición, porque han contribuido con sus errores a desunirla, deben de comprender cómo, si persisten en su terquedad, en su soberbia, cosecharán los peores frutos, para todos. Quienes pueden contribuir a la unificación, pero están actuando con frieza, por prudencia, o por desilusión, deben hacer un último esfuerzo, y buscar soluciones prácticas y honorables capaces de lograr la alianza”.

Estos son los pensamientos que Pedro Joaquín dejó impresos en el diario LA PRENSA y con los que enfrentó a la dictadura de los Somoza. El periódico era su trinchera y su arma era su pluma. Para quienes lo conocieron era impensable separar al hombre del diario.

“Pedro Joaquín Chamorro cuidó a su prensa como cuidar la niña de sus ojos”, dijo el periodista Danilo Aguirre en el documental “Pedro Joaquín Chamorro: Ayer y hoy”, en donde también dio declaraciones el periodista deportivo Edgard Tijerino. “No creía uno que podía existir LA PRENSA sin Pedro Joaquín, o Pedro Joaquín sin LA PRENSA. Eran parte de un todo. Uno mismo”, comentó Tijerino.

Esta era la oficina donde Pedro Joaquín se ponía en las tardes a "politiquear" con sus amigos y colegas. MAGAZINE/Óscar Navarrete

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Curiosamente, fue en 1980, bajo el gobierno sandinista de la época, en que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue declarado Mártir de las Libertades Públicas, pero su periódico y su pensamiento también fue censurado y perseguido en ese entonces. Incluso su esposa, ninguneada y violentada a como relata en sus memorias.

En 2012, cuando Daniel Ortega estaba de vuelta en el poder, la Asamblea Nacional lo proclamó como Héroe Nacional de Nicaragua. “Pedro tiene los méritos para estar en esa galería de hombres que pensaron en Nicaragua, que pensaron en la patria y que murieron por la patria”, dijo el diputado sandinista Edwin Castro en aquella ocasión.

Incluso el Ejército de Nicaragua, cuyo líder supremo es Daniel Ortega, ha rendido homenaje a Pedro Joaquín en los últimos años a través de videos difundidos en los canales oficiales de la institución castrense. El último video que circuló fue en 2021.

Pero, de cualquier modo, si el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal estuviese con vida, estaría siendo perseguido, porque él representa todo lo que Daniel Ortega persigue y pretende destruir.

Se le recuerda como padre, esposo, periodista, empresario, político, torero, navegante, deportista, demócrata, pensador, “chichicaste” como decía doña Violeta Barrios. “Hay que ser consecuentes entre el dicho y el hecho. Entre lo que uno piensa y lo que hace”, le decía Pedro Joaquín a su hijo mayor que lleva el mismo nombre y que hoy está en una celda de El Chipote, según consta en un relato que dio el hoy preso político a LA PRENSA en 2017

En ese reportaje, su otra hija, Claudia, recuerda a su padre como una persona "muy conservadora en términos de valores, pero muy liberal en cuanto a ideas sociales, lo que quería para la sociedad”.

En el documental sobre su vida, el primo de Pedro Joaquín, el poeta Ernesto Cardenal dice que desde muy joven era alguien con rebeldía, “pero sobre todo rebeldía política” contra los Somoza. “Odiaba el servilismo”, agrega Arístides Somarriba, excompañero de clases del periodista.

“Era conservador, pero en materia social, él era un socialdemócrata. Él no aceptaba las rigideces ni las exageraciones ideológicas de la extrema izquierda, pero tampoco aceptaba la falta de consciencia del capitalismo grosero sin sentido humano” lo recordaba Arturo Cruz Porras.

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal junto a otros periodistas en su casa. En la foto aparece Rosario Murillo, quien fue asistente del periodista. LA PRENSA.

En uno de sus últimos discursos públicos, en diciembre de 1977, en Chinandega, días antes de que lo mataran, Pedro Joaquín dejó claro lo que quería para Nicaragua.

“Compatriotas, somos todos los nicaragüenses, todo el espectro político nacional es el que tiene que enfrentarse a este monstruo y el que tiene que resolver el problema de esta nación que es volver a crear una República. Una República en donde estén representados todos los sectores. Una República en donde estén los empresarios como también el obrero, en donde gobierne el obrero y en donde gobierne el empresario. Una República en donde todas las ideologías estén representadas y sean discutidas, desde la ideología conservadora, pasando por la liberal y hasta la ideología comunista”. Esas fueron sus palabras que siguen vigentes al día de hoy.

Este 10 de enero de 2022, Daniel Ortega se pondrá la banda presidencial por cuarta vez consecutiva reafirmando así su voluntad de someter al país en una dictadura. Mientras, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal continuará esperando desde su tumba que su amada Nicaragua vuelva a ser República.

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