La “traición” de un mandador en Mulukukú

Reportaje - 01.05.2022
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Dos mujeres, madre e hija, arroparon al mandador de su finca y pusieron todo en sus manos. Él les pagó quitándoles la vida a ambas

Por Eduardo Cruz

Noel González, un ganadero de 36 años de edad, se encontraba en el porche de su casa, en Mulukukú, cuando, a las 6:00 de la tarde del 21 de julio del pasado año 2021, recibió mensajes en su teléfono celular de parte de su sobrina Lubianka, quien vive en Costa Rica.

La joven estaba preocupada porque ni su mamá Luz Maritza González, ni su hermana gemela Dayiris Boniche, le contestaban los mensajes.

La casa de Noel está a cuatro kilómetros de la finca donde vivían su hermana y su otra sobrina Dayiris, por lo que mandó a un trabajador de él en un cuadriciclo a ver si ellas estaban en casa y el hombre regresó diciendo que la camioneta de las mujeres estaba aparcada en la vivienda.

Lubianka recibió la respuesta de su tío, pero luego tuvo que volver a llamarlo porque su mamá y su hermana seguían sin contestar. “Discúlpeme, pero no me responden”, le dijo.

La finca donde vivían las víctimas. FOTO/ TOMADA DE INTERNET

Esta vez, Noel tomó su camioneta y se fue él mismo a la casa de su hermana.

Encontró la vivienda cerrada y las luces apagadas. Se dirigió al campamento donde duermen los trabajadores y preguntó por ellas. Le respondieron que Luz Maritza habían salido para la finca y que a Dayiris no la veían desde la mañana.

Entonces Noel se fue para la finca de su hermana. Ya había cierta preocupación porque los trabajadores dijeron que desde las 5:00 de la tarde se les había hecho raro que no veían “a su patrona”, y a Dayiris la vieron llegar en la mañana, después de distribuir leche y no había vuelto a salir de la casa.

Se comenzó una telaraña de comunicación entre todos los familiares y nadie sabía de ellas.

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Gerónimo González era un productor muy acaudalado que tenía vastas tierras en Mulukukú. Y mucho ganado. Bastante. Se le calculan más de ocho mil manzanas.

Murió en septiembre de 2016 y sus propiedades fueron repartidas entre todos sus hijos, nueve en total. Todos se reunieron en la casona principal de la finca y tardaron varios días repartiéndose el ganado.

La repartición no fue igualitaria. Quienes adquirieron inmuebles recibieron menos tierra. Pero todos quedaron satisfechos.

Una de las hijas, Luz Maritza González Valle, tenía casi 20 años de vivir en Costa Rica, adonde se había ido buscando mejores oportunidades de vida con sus hijas gemelas Diagnnie Lubianka y Diagnnie Dayiris Boniche González, nacidas en 1992.

Diagnnie Dayiris había estudiado periodismo y aviación, pero descubrió que su pasión era el campo. FOTO/ CORTESÍA

Luz Maritza se había casado por segunda vez con un costarricense y tuvo un tercer hijo que hoy tiene 16 años de edad. Con su segundo esposo tenían una panadería y un minisúper en Costa Rica.

Al morir su padre, le entusiasmó la idea de trabajar las tierras que le heredó su progenitor y decidió trasladarse a Mulukukú tras acordar con su esposo que él y el hijo menor se quedarían viendo los negocios en Costa Rica.

A Dayiris le encantaba el campo y decidió trasladarse a Nicaragua con su mamá, mientras que Lubianka también se quedó en Costa Rica porque, a pesar de que también es amante del campo, no le gusta para vivir.

Madre e hija se instalaron en Mulukukú a finales de 2016. La herencia recibida fue de casi 600 manzanas de tierras, además de casi 500 reses y como 23 caballos.

Luz Maritza, nacida en noviembre de 1967, era una mujer de carácter fuerte, pero muy alegre a la vez. Le gustaba decir las cosas de frente y no le importaba si los demás se molestaban, pero igualmente era muy sonriente y humilde en su trato con los trabajadores de su finca.
“Era super divertida, honrada, respetuosa, pero con pantalones”, la describe un familiar.

Dayiris había estudiado periodismo y también aviación en Costa Rica, pero no había terminado los estudios. La describen como una joven muy culta, respetuosa y apartada. Muy sonriente.

Era una persona amante de los animales. Tenía 18 perros en la finca.

No se había casado porque alegaba que no veía seriedad en los hombres y ella “no iba a andar jugando”. Aunque tenía muchos enamorados.
Ambas mujeres se levantaban desde las 4:00 de la madrugada a trabajar hombro a hombro a con los trabajadores. Al ordeño, a distribuir la leche en Mulukukú. Ver las reses.

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Cuando Luz Maritza y sus ocho hermanos tomaron posesión de la herencia, a finales de 2016, ya trabajaba en la propiedad un mozo llamado Wilmer Antonio González Méndez, en la actualidad de 32 años de edad.

Luz Maritza se lo llevó a trabajar con ella, primero como mozo y después como mandador de la finca.

Era un hombre que casi no hablaba. Saludaba, pero era muy poco para conversar. “Era todo mojigato. Decíamos que tenía mirada de chancho porque solo veía para abajo. Usaba una gorra a la altura de las cejas”, explica un familiar de Luz Maritza y Dayiris.

Wilmer fue agarrando confianza con las dos mujeres, quienes lo pusieron al mando de todo. Noel González, el hermano de Luz Maritza, dijo en un juzgado de Siuna que la labor de Wilmer era “solo mandar y mangonear la finca”.

La Policía busca a Wilmer González. FOTO/ CORTESÍA

Uno de los trabajadores de la finca, Franklin López, dijo ante un juez que el único que tenía acceso a la casa de las patronas era Wilmer porque también vivía ahí. “Vivían en la casa hacienda las dos ellas y él. Me di cuenta hasta ahora cuántos cuartos hay. Son tres cuartos”, dijo López en un juzgado de Siuna.

Familiares de Luz Maritza explican que Wilmer era quien realmente mandaba en la finca y le habían dicho a ella que eso no podía ser. “Ya él no es el mandador, sino que es el dueño de la finca”, le recriminaban. Pero Luz Maritza llegó al punto de enemistarse con algunos de sus parientes para defender al mandador. Entonces ya nadie le decía algo, debido al carácter fuerte de ella.

Después de la desaparición de las dos mujeres, sus parientes encontraron “cosas feas” debajo de la cama de Luz Maritza y en el ropero de Dayiris. Cosas feas como cuerpos de aves disecados. Creen que el hombre practica la brujería.

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El 21 de julio de 2021, Luz Maritza salió de la casa hacienda con Wilmer cerca de las 5:00 de la mañana en dirección al lado este de la finca. El hombre había dicho que irían a ver unos postes con los que se iba a construir una cerca.

La cocinera de la finca explicó que Luz Maritza iba montada en una mula y él en un caballo.

Cuando Wilmer y Luz Maritza se fueron, Dayiris se quedó en el corral con los trabajadores y después salió con Franklin López en la camioneta a distribuir la leche en el poblado de Mulukukú.

López explicó que Dayiris regresó como a las 9:30 de la mañana de dejar la leche, mientras que la cocinera indicó Wilmer había regresado a la casa como a las 8:00 de la mañana, pero solo, sin Luz Maritza.

Posteriormente, cerca de las 10:00 de la manaña, Dayiris salió a darle de comer a los animales, a los cerdos y a los 18 perros que tenía. Entró de nuevo en la casa hacienda y al ratito se vieron cerradas las puertas. A Dayiris ya no se le volvió a ver.

Otro trabajador dijo que se escuchó un grito de Dayiris, pero no le prestaron importancia.

Madre e hija eran muy unidas. FOTO/ CORTESÍA

A las 12:30 del mediodía, la cocinera vio que Wilmer bajó de casa hacienda y le dijo a uno de los trabajadores que ahí regresaba, que iría a hacer un mandado.

Óscar Antonio López, de 16 años de edad, diría después en el juzgado de Siuna que como a las 6:30 de la mañana de 21 de julio de 2021 vio pasar a Luz Maritza y a Wilmer mientras él chapeaba un potrero y poco después escuchó disparos. Solo se lo comentó a su mamá, pero él no vio más nada.

Cuando Wilmer se fue de la casa hacienda, ya no regresó.

Un taxista, de nombre Ariel García, diría después en un juzgado de Siuna que se encontraba en un taller cuando recibió una llamada del mandador Wilmer González, a quien conocía “solo de cara”. Le pidió que le hiciera un viaje a Los Mangos, porque iba para Río Blanco, ya que a un familiar de él “lo había matado un rayo”.

Como García tenía su taxi en un taller, le ofreció llevarlo, pero en una moto.

A las 1:50 de la tarde, García dejó a Wilmer cerca de una gasolinera, después de haberle pagado 100 córdobas por el viaje.

Otro taxista, Harold Cano, contó que Wilmer le pidió que lo llevara a Siuna. Le cobró 1,300 córdobas, pero al final lo llevó en 900 porque el mandador pidió rebaja.

Poco después de las 3:00 de la tarde, Cano dejó a Wilmer en la Cotran vieja de Siuna. Se bajó del taxi y encendió un cigarro. Desde entonces no se sabe de él. Tiene orden de captura y ya está circulado por la Interpol.

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Noel González no se cansó de buscar a su hermana y a su sobrina aquella noche del 21 de julio de 2021.

A las 11:50 de la medianoche encontraron muerta a Luz Maritza. Estaba como a una hora de camino de la finca. La hallaron boca abajo. Noel no notó sangre en ella. Incluso, le puso un foco y no se veía mojada, pero los lentes estaban a un lado de ella, junto al sombrero.

Al lado del cuerpo, amarrada, también estaba la mula en que andaba Luz Maritza cuando la vieron salir de la casa hacienda.

Noel se regresó a la casa hacienda y llegó allí a las 12:40 de la madrugada del 22 de julio de 2021. Entró y vio que uno de los cuartos tenía la puerta bien cerrada. Le pegó “cuatro patadas”, la puerta se abrió y vio una sábana tirada en el piso. Debajo estaba el cuerpo de su sobrina, boca arriba. Solo tenía puesta una blusa y el calzón lo tenía bajo.

Imagen de cuando sacaron el cuerpo de Luz Maritza González. FOTO/ TOMADA DE INTERNET

Familiares de las víctimas explican que, cuando el joven Óscar López escuchó el disparo, fue porque Wilmer le había disparado por la espalda a Luz Maritza. Y cuando Franklin López escuchó el grito de Dayiris, fue porque Wilmer la agredió con un maneral y después la asfixió con el cable de un cargador de teléfono celular.

Esta historia aún no tiene fin. Luz Maritza y Dayiris fueron sepultadas en Río Blanco. Wilmer todavía está siendo buscado por la Policía.
Las autoridades dijeron que “el robo y las rencillas” fueron el móvil del crimen. Los familiares de las víctimas todavía esperan conocer la verdad.

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