Iglesia a la baja: la búsqueda de los viejos ritos

Reportaje - 03.07.2022
Altar.-Foto-de-Edwin-Lacayo

A pesar de una baja histórica en el número de fieles católicos en Nicaragua, algunos jóvenes se aferran a la tradición que creen se ve amenazada por la modernidad en el seno de la Iglesia

Por Redacción Magazine

De espaldas a la feligresía y hablando en latín, un sacerdote alza la hostia como ofrenda. Dos monaguillos sostienen su capa litúrgica llena de ornamentos, mientras, atrás, niños, jóvenes y adultos se maravillan ante el ritual. Unas muchachas cubren sus cabezas con telas finas, por pudor. No es el siglo XIX, es Managua en 2022.

La consagración no tiene lugar en un gran templo colonial, sino en la casa de un fiel amigo de la Fraternidad de San Pío X, la hermandad de sacerdotes que en Nicaragua mantiene vivo el rito de la misa tradicional de la Iglesia católica, desplazado tras la introducción de la misa nueva por el Papa Pablo VI, a finales de los años sesenta.

La Fraternidad emprendió su misión en Nicaragua alrededor de 2010, invitados por el obispo emérito de Estelí, monseñor Abelardo Mata. Contrario a lo que podría pensarse, la misión atrae a muchos jóvenes, quienes acuden afligidos por una crisis de fe y lo que perciben como “abusos” en las celebraciones de la misa ordinaria.

Imagen de una misa tradicional. FOTO/ CORTESÍA

Clara Mendoza, de 20 años de edad, estudia derecho en la Universidad Centroamericana (UCA) y conoce a la Fraternidad desde 2018, año en que llegó a estudiar a Managua. Criada en el seno de una familia católica de Camoapa, en el departamento de Boaco, desde joven participó en un grupo parroquial ligado a la liturgia, es decir, las normas que regulan las ceremonias religiosas.

Esa cercanía, junto a su naturaleza curiosa, le llevó a ahondar en la historia de la Iglesia y en su tradición litúrgica. Según ella, “el hecho de que la misma autoridad eclesial se ha rebajado y ya no se reconoce a sí misma como una autoridad suprema frente a las demás”, ha sido motivo para que decenas de miles de fieles nicaragüenses hayan abandonado a la Iglesia católica en los últimos años.

“Cuando el mismo sacerdote, la misma Iglesia, el mismo Papa ya no reconoce su autoridad frente a las demás autoridades políticas mundiales, comienza a minar ese poder”, expresa con total convicción.

***

Según los Anuarios Pontificios, compilados por la Oficina Estadística Central de la Iglesia católica, el promedio de católicos en las parroquias de Nicaragua ha descendido de un 93% en 1966 a un 77% en 2020, tomando en cuenta que los anuarios contabilizan a todos los bautizados sin contemplar a quienes luego en sus vidas reniegan de la fe.

Fuentes seculares presentan una peor situación. El Censo de Población y Vivienda de 2005 reveló que la comunidad católica nicaragüense se había reducido de un histórico constante superior al 90% a una cifra cercana al 58%.

Diez años después, una encuesta de Cid Gallup estimaba que la Iglesia había perdido a 23% de sus fieles “en la última generación”. El Informe mundial sobre libertad religiosa de 2021, publicado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, no pudo ofrecer un estimado distinto al del censo de 2005, pues no ha habido otro censo en 17 años.

Los jóvenes amigos de la Fraternidad concuerdan que esto es un gran problema para la Iglesia y que proviene de una falta de reverencia en la liturgia y en la enseñanza de la fe católica.

***

María Saraí Rodríguez tiene 23 años, también estudia en la UCA y considera que “el clero y los fieles apartaron sus ojos de lo Divino, del Cielo, de la Eternidad y se contagiaron del espíritu mundano y el modernismo”.

“Con el incremento en la facilidad de difusión también se difundieron las ideas liberales y anticristianas de todo tipo y posición en el espectro ideológico”, dice Rodríguez, quien lamenta cómo algunos familiares suyos se han convertido a las que llama “sectas protestantes”.

Tadeo Sequeira fue acólito y monaguillo durante ocho años en la Catedral de Granada. Incluso llegó a tener la inquietud de ser sacerdote, pero ahora, a sus 28 años, trabaja como administrador de empresas. Aun así, procura estar informado y mantiene una relación cercana con la fe.

Para Sequeira, aunque la nueva misa no va en contra de las enseñanzas de la Iglesia, “todos y cada uno de sus aspectos han contribuido a que la gente vaya perdiendo la fe y el sentido de lo sagrado” en su afán de involucrar al pueblo en la liturgia. “Y cuando perdés el sentido de lo sagrado”, añade, “estás cerca de renegar de tu fe”.

Feligresía en misa tradicional, parroquia San José de Tipitapa. FOTO/ CORTESÍA

“Refiriéndose a encuestas, es relativo, como cualquier otro tema”, explica monseñor Silvio Fonseca, vicario de la Pastoral Familiar de la Arquidiócesis de Managua. “Ya sabe que (las encuestas) son manipulables. Siempre hay intereses detrás de todo esto y se nota que quieren inflar los números”.

Monseñor Fonseca no niega que “ha habido bajas en el catolicismo”, pero no las atribuye a un asunto religioso, sino a “descensos demográficos, que es distinto”.

“Antes un matrimonio tenía hasta doce hijos, sin exagerar. Ahora eso se ha reducido en casi la mayoría de los casos, según la cultura contemporánea, hasta dos hijos y a veces ninguno. Y esos dos, que aspiran a una familia reducida, es simplemente porque no quieren ningún compromiso matrimonial ni religioso”, dice monseñor, y asegura haber hablado con miembros de otras denominaciones al respecto. “Su descenso también es notorio”, afirma.

Si acaso, monseñor Fonseca cree que es una caída en la religiosidad en general, producto de lo que llama “una mentalidad secularista”. Y agrega: “Para las nuevas generaciones lo más importante es el confort, el bienestar, pero el aspecto religioso no es prioridad para ellos”.

El padre Augusto Marín, antiguo párroco de la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe en Estelí, concuerda en este aspecto, pero tiene más que decir sobre el papel que ha jugado la propia Iglesia. A su juicio, la pérdida de fieles percibida en los últimos años en Nicaragua “es producto de la falta de una formación doctrinal sólida”.

El padre critica el poco fundamento en la doctrina que presentan los catecismos modernos. “Se le ha dado mucho más énfasis a lo que se llama kerigma, o primer anuncio de la Fe, en una nación que ya ha sido evangelizada, que lo que necesita es consolidar la formación”, argumenta, sin negar la importancia del aspecto kerigmático.

“Se han utilizado materiales con escasa profundidad doctrinal” tanto en niños como adultos, estos últimos sometidos a una “metodología infantilizada. Eso hace que la ignorancia religiosa crezca… y eso ha hecho que el protestantismo más férreo, más agresivo, avance en una Iglesia católica que está cada vez más frágil, más débil en la defensa de sí misma”, lamenta el sacerdote.

***

El padre Marín pone en tela de juicio que Nicaragua goce todavía de una mayoría “aparentemente católica”. “¿Cuántas personas están realmente adheridas a las consecuencias que tiene el compromiso de la Fe? De ahí se da la circunstancia del alto nivel de divorcios, del alto nivel de alcoholismo, de la violencia intrafamiliar; eso demuestra que todo queda en un aspecto folklórico de la Fe”, explica el religioso.

“En nuestro país se conoce mucho la celebración de la Purísima, llamada Santísima Madre de Dios, la Inmaculada, la mujer vestida de sol, pero es uno de los países con mayor violencia contra la mujer”, afirma con tristeza el padre Marín.

En eso concuerda monseñor Fonseca, quien expresa preocupaciones por la “descristianización” de Nicaragua y el mundo que ha llevado a una crisis de valores no sólo dentro de la Iglesia católica, sino también en iglesias luteranas, bautistas y demás.

Jóvenes con el padre Michel Boniface, de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. FOTO/ CORTESÍA

La Iglesia católica dominó la cultura nicaragüense siglos antes de que siquiera se hablara de “Nicaragua” como entidad separada del Imperio Español. Gran influencia ejercía la Iglesia en la vida cotidiana y su control persistía en distintas formas y lugares del país hasta bien entrado el siglo XX, a pesar de que el gobierno de José Santos Zelaya (1893-1909) había tratado de separar a la religión del Estado.

Fue en las últimas dos décadas del siglo XX, los ochentas y noventas, que la religiosidad tradicional de los nicaragüenses empezó “a perderse”, como expresa Josefa del Carmen Dumas, una costurera de 77 años originaria de Nandaime.

“Doña Chepita”, como le conocen cariñosamente, parece contar más bien historias de un país extranjero sumido en una especie de encanto, en donde las imágenes de Santos avanzan con solemnidad por encima de las gentes que en ellos depositan su fe. Era un mundo de reglas estrictas, una especie de democracia de los muertos llamada “tradición”.

“Yo les digo a ellos (los jóvenes) que no han vivido lo que nosotros vivimos, aquella religiosidad con la que íbamos a las procesiones”, comenta doña Chepita. Le duele que ahora “los chavalos ya ni creen en nada. Ninguno de los chavalos cree en eso porque no lo viven. Se perdió todo, perdieron su cultura”.

Aún doña Chepita recuerda las misas celebradas en su tiempo, dando la cara al altar y en la lengua de los romanos. “Nosotros no entendíamos lo que el padre decía porque no era en español, era en latín. Un sacerdote se ponía una capucha, un capote como en la cabeza para dar la misa, pero eso fue cuando yo era niña. Ya ahorita hay sacerdotes que hasta de pantalón la dan (la misa)”.

Niños en misa tradicional. FOTO/ CORTESÍA

***

A pesar de la pérdida de fervor tradicional en los nicaragüenses, a partir de la crisis de 2018, la Iglesia católica se convirtió en parte integral de “la lucha” ante los abusos de la dictadura de Daniel Ortega, como antes lo había hecho durante la lucha contra el somocismo.

La postura moral que adoptaron líderes religiosos como el padre Edwin Román o monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa, puso a la Iglesia en la mira del gobierno sandinista.

El 2 de junio de 2022, el Departamento de Estado de Estados Unidos denunció que Daniel Ortega y Rosario Murillo atacaron verbalmente a sacerdotes y obispos, llamándolos “terroristas con sotana” y “golpistas”“ y acusándolos además de cometer crímenes sin fundamento. Pero el clero sólo trató de buscar una salida a la crisis política siendo testigos y garantes en dos diálogos fallidos.

El informe sobre libertad religiosa del Departamento de Estado destacó acoso policial y parapolicial sistemático contra iglesias, creyentes y sacerdotes católicos; calumnias, investigaciones arbitrarias de parte de agencias gubernamentales, insultos, amenazas de muerte, robo y profanación de artefactos religiosos, así como entradas ilícitas a templos.

Ante la hostilidad, la jerarquía eclesiástica se mantiene prudente. A primera vista, la situación política no parece relacionarse con los debates litúrgicos, pero los jóvenes tradicionalistas dejan ver en sus intervenciones una perspectiva diferente no sólo en el campo del rito, sino también en las discusiones sobre moralidad y el futuro de Nicaragua como nación.

Sección
Reportaje