Hugo Torres: el guerrillero que liberó a su verdugo

Reportaje - 07.08.2022
Hugo Torres Jimenez

Murió en prisión. Ni en el último momento Daniel Ortega mostró compasión alguna por el hombre que un día lo sacó a él mismo de la cárcel. “Hugo Torres no merecía esa grosería”, dice un excompañero de armas

Por Redacción Magazine

El 13 de junio de 2021, el general en retiro Hugo Torres grabó un video advirtiendo que sería encarcelado por la dictadura Ortega Murillo. Lo hizo después de saber que la noche anterior habían encarcelado a su compañera del partido Unamos, Tamara Dávila, y que la Policía también había allanado las casas de la comandante guerrillera Dora María Téllez y de Suyen Barahona.

“La dictadura de los Somoza no logró encarcelarme… Hace 46 años arriesgué la vida para sacar de la cárcel a Daniel Ortega y a otros compañeros presos políticos… Pero así es la vida… Los que una vez acogieron principios en favor de la justicia, en favor de la libertad, hoy los han traicionado, hoy son sus principales enemigos de esos principios”, dijo Torres en el video.

Ese mismo día, 16 oficiales de las Tropas Especiales entraron a su casa y se lo llevaron preso. Según una publicación del periodista Octavio Enríquez, un hijo del general, Hugo Marcel Torres, explicó que es probable que los policías no sabían a quién exactamente se estaban llevando, porque se sorprendieron cuando abrieron el armario de la casa y vieron sus uniformes militares.

El comando que asaltó la casa de Chema Castillo. Hugo Torres aparece al frente, a la izquierda. FOTO/ ARCHIVO

244 días después de haber sido capturado, se conoció que Torres había muerto en la madrugada del 12 de febrero de 2022, a la edad de 73 años, en el hospital de la Policía, en Managua.

La muerte de Torres en prisión impactó a nivel nacional y tuvo mucho eco a nivel internacional. Se trataba del segundo preso político que fallecía en las celdas orteguistas. El primero había sido Eddy Montes.

Además, Torres fue compañero de lucha de Ortega en la guerra contra la dictadura somocista. En diciembre de 1974, como expresó en su video antes de ser encarcelado, Torres formó parte de un escuadrón sandinista que se tomó la casa del exfuncionario somocista José María Castillo, en un operativo que sirvió para liberar de la prisión al propio Daniel Ortega y a otros presos políticos como Lenín Cerna, exjefe de la Seguridad del Estado sandinista; José Benito Escobar; Carlos Guadamuz, exdirector de Radio Ya asesinado en 2004 por un sicario sandinista; y Jacinto Suárez, fallecido exdiputado del Parlacen, entre otros.

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Cuando Torres fue encarcelado en la mazmorra orteguista conocida como El Nuevo Chipote, ya iba enfermo, presumen algunos de sus compañeros del partido Unamos, antes MRS (Movimiento Renovador Sandinista).

En la prisión, Torres comenzó a sentir un dolor bastante grande en la parte baja de la espalda. Pensó que se trataba de males que vienen con la edad. Así lo comentaba.

En la celda se ponía a hacer estiramientos y otros tipos de ejercicios porque, según él tal vez de esa manera se le iba a quitar el dolor.
Al contrario de lo que esperaba, el dolor fue incrementando y las piernas se le fueron hinchando enormemente. Los compañeros de celda que tuvo pedían que fuera atendido por un médico, pero el enfermo que los atendía se limitaba a suministrarle una pastilla para el dolor. Luego, también le dio una pastilla contra la inflamación.

Pasaron varios días, unos dicen que una semana, otros que más tiempo, pero llegó el momento en que Torres ya no se podía mover. Lo tenían que cargar para llevarlo al inodoro. Ya una de las piernas la tenía totalmente inflamada.

Hugo Torres, grabando un video el día que fue capturado. FOTO/ CORTESÍA

Los demás reos políticos han explicado que Torres, al igual que la comandante guerrillera Dora María Téllez, mostraron mucha dignidad en la cárcel. Estaban preparados. En su época de guerrilleros fueron entrenados para ese tipo de situación. Torres, por ejemplo, se mantenía con ánimo. Inspiraba fuerza moral.

Sin embargo, ya de último, el malestar que lo embargaba era casi en todo el cuerpo. Los demás reos políticos que pasaban por su celda comenzaron a verlo totalmente decaído. Sin fuerza.

Algunos reos políticos pedían que lo atendiera un médico. Hasta golpeaban los barrotes. Torres no recibió la atención médica que necesitaba en esos días. “Lo dejaron morir sin atención médica”, se queja uno de sus excompañeros de lucha contra Somoza.

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Nacido en Madriz, casi en la frontera con Honduras, Hugo Torres Jiménez se crio en el barrio leonés El Calvario, según le contó él mismo en una entrevista a la también comandante guerrillera Mónica Baltodano.

Era hijo de un guardia y estudiaba Derecho cuando, a inicios de 1974, se fue a la clandestinidad con el Frente Sandinista (FSLN), a luchar contra la dictadura de Anastasio Somoza Debayle.

La fama que tuvo como guerrillero audaz se la empezó a ganar ese mismo año, cuando fue seleccionado para participar en un operativo para liberar a antiguos miembros del FSLN que estaban prisioneros en las cárceles del somocismo.

Uno de los integrantes de ese comando, quien pide el anonimato para no sufrir represalias por parte de la dictadura, explica que Torres era un joven que mostraba valentía porque siempre estaba dispuesto para cualquier tarea que se le asignara.

“(Torres) tenía buena contextura física. Claro, estábamos todos chavalos en ese tiempo. Se destacaba también por ser fraternal, cariñoso y bromista. Realmente se trataba de una persona sencilla”, explica la fuente.

Torres se convirtió cuatro años después, en agosto de 1978, en el único guerrillero sandinista que participó en los dos más grandes operativos de rescate que realizó el FSLN contra Somoza, cuando fue designado para ser parte del comando que se tomó el Palacio Nacional, con congresistas y diputados somocistas dentro, incluido un primo de Somoza.

De izquierda a derecha: el cubano Renán Montero, Hugo Torres, Sergio Ramírez Mercado y Daniel Ortega. FOTO/ ARCHIVO

En esa ocasión, fueron liberados de la cárcel una buena cantidad de prisioneros políticos sandinistas, incluidos el fundador del movimiento guerrillero, Tomás Borge Martínez; Doris María Tijerino, exjefa de la Policía Sandinista; Javier Carrión, exjefe del ejército y Leopoldo Rivas, jefe actual del paramilitarismo orteguista.

Luego del triunfo de la revolución sandinista, Torres fue fundador del ejército sandinista, donde primero fue comandante de brigada y posteriormente general de brigada, ya en tiempos del gobierno de Violeta Barrios de Chamorro.

Como miembro del Ejército, explica uno de sus excompañeros en el mismo, señaló que Torres fue un jefe militar muy inteligente. “En el Ejército realizó un trabajo ejemplar. Fue un cuadro muy importante”, señaló la fuente.
Torres se retiró del Ejército en 1998.

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Hugo Torres se retira del Ejército, pero ya no regresa al FSLN. No estaba de acuerdo con las actuaciones de Daniel Ortega, quien no quería democratizar al partido y había elegido la línea dura, la cual ya había provocado, entre 1993 y 1995, la división que dio origen al Movimiento Renovador Sandinista (MRS), fundado, principalmente, por Sergio Ramírez y Dora María Téllez.

En 2006, durante la campaña presidencial de Herty Lewites, quien era el candidato del MRS, Torres entra a ese partido acompañado del comandante Luis Carrión Cruz, del excanciller Víctor Hugo Tinoco y de la comandante guerrillera Mónica Baltodano, quien antes había fundado el Movimiento por el Rescate del Sandinismo, el cual también tenía las siglas MRS.

Se suponía que habría una fusión entre los dos MRS, pero eso al final no ocurrió. Sin embargo, Torres se quedó desde entonces en el movimiento renovador, que recientemente se rebautizó como Unamos.

Entrar al MRS marcó el destino de Torres. Un exguerrillero sandinista explica que Daniel Ortega tiene un odio por los renovadores y eso se demuestra en la saña con la que está tratando a quienes son reos políticos actualmente y pertenecen a Unamos. A las mujeres, por ejemplo, las tiene aisladas, incomunicadas entre sí.

Según el exguerrillero, la mayoría de los MRS que pertenecieron al FSLN fueron guerrilleros probados en la lucha contra Somoza, con mucho mérito, tal vez más que el propio Ortega, y eso le duele al dictador, indicó.

En el centro, Hugo Torres, cuando era jefe militar en 1988. FOTO/ CORTESÍA/ ARCHIVO PERSONAL DE ÓSCAR NAVARRETE

De Ortega se dice que casi no luchó con un arma en las manos, porque pasó siete años preso y luego solo se le conoció una esporádica participación en la lucha armada, en San Fabián, al norte de Nicaragua.

En cambio, Hugo Torres fue destacado guerrillero, con muchos méritos.

Un exguerrillero que integró el comando Rigoberto López Pérez en agosto de 1978, el que asaltó el Palacio Nacional, comentó que el FSLN decidió nombrar como jefe del mismo a Edén Pastora, quien en ese momento se encontraba pescando en Costa Rica.

“A Edén le dijeron que había un comando preparado para el operativo. Cuando llega a Managua mira que casi todos son unos muchachos flacos, débiles, monimboseños, con armas precarias. Entonces Edén como que se decepcionó, no sentía seguridad para ejecutar la operación. No estaba satisfecho”, comenta el personaje.

Ante la duda de Edén Pastora, la dirigencia del FSLN decide integrar al comando a dos guerrilleros probados en el combate, a Dora María Téllez, quien después dirigió el Frente Occidental, y a Hugo Torres, quien ya había participado en un operativo similar.

Torres fue llamado el número Uno del comando, como segundo jefe del mismo, solo detrás de Pastora. La operación fue un éxito.

Durante los años ochenta, cuando gobernaba el FSLN, Ortega fue el presidente de la República y Torres un alto mando del Ejército. “Claro que se relacionaban (Torres y Ortega). Pero no eran amigos. Los amigos de Ortega siempre fueron los que estuvieron con él en la cárcel. Entre Hugo y Daniel no hubo amistad realmente, no eran broderes”, explica un exjefe guerrillero.

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A Hugo Torres lo sacó desmayado un guardia orteguista de su celda. Los demás reos políticos lo vieron pasar en una silla de ruedas.
El guardia lo llevó a la enfermería y luego lo regresaron a otra celda. Se veía más decaído. Totalmente golpeado. Eso fue en diciembre de 2021.

Posteriormente, lo sacaron de esa otra celda y no se supo más de él entre los demás reos políticos.

“¿Dónde está Hugo Torres?”, se preguntaban los reos políticos en El Nuevo Chipote, porque pasaron varios días sin saber de él. Incluso, hubo hasta una campaña en redes para que se conociera su paradero.

Luego, se supo que estaba internado en el hospital de la Policía. “Ahí supimos que estaba de buen ánimo. Bromeaba, incluso. Pero, de repente cayó de nuevo y después murió”, indica una fuente de Unamos.

A partir de la “desaparición” de Torres, su familia se comportó de forma extraña, algo que en Unamos entendieron como un temor a que la dictadura no les permitiera visitar a Torres en el hospital. Los familiares no brindaron información sobre el estado de salud del exguerrillero. Cuando Torres murió, todos sus compañeros de Unamos lo supieron por la nota de prensa de la Fiscalía orteguista, la cual decía que el general en retiro había muerto de una enfermedad. Todos presumen que era cáncer, pero nadie de la familia lo ha confirmado.

otos de Cortesía de la Familia. Reproducción de Orlando Valenzuela
Daniel Ortega, de pie, en Cuba, después de haber sido liberado en diciembre de 1974. Tiene una mano sobre Carlos Fonseca Amador. FOTO/ ARCHIVO

“Es triste que un hombre, con lo que entregó, haya muerto en esas circunstancias, tan crueles. No lo dejaron ir a morir a su casa. Era una cuestión humanitaria. Ortega tuvo que haberle dicho: ya no me representás un peligro, ándate a tu casa. Hugo jamás mereció ese trato, de una grosería como esa”, indica un exguerrillero sandinista.

“Si un reo colapsa en una cárcel, se tienen que tomar medidas con él. Pero no, a Hugo no lo llevaron con un médico. Sufrió un déficit de atención”, indica otro exguerrillero.

Para explicar por qué Daniel Ortega hizo eso con Torres, a pesar de que fue uno de sus liberadores en 1974, este último exguerrillero explica que Ortega “no tiene juicios morales, solo juicios de poder”.

“Mientras Ortega necesitó al PLC, lo utilizó. Lo comió, lo masticó y después lo expulsó. Mientras necesitó al cardenal (Miguel) Obando, lo usó. Después no fue a su funeral. Igual pasó con Roberto Rivas”, explica.

Luego de la muerte de Torres, Ortega permitió que otros reos políticos con padecimientos crónicos fueran enviados a sus casas bajo arresto domiciliar, fuertemente custodiados por policías. Pero, por Hugo Torres, nada hizo.

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