“El Decapitador” que confesó sonriendo

Reportaje - 03.04.2022
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Un joven de 19 años era conocido por arrancarle la cabeza a los cerdos y por eso le apodaron “El Decapitador”. A eso se dedicaba en una finca, hasta que empezó decapitar con su machete a hombres y niños.

Por Hans Lawrence Ramírez

Dos hermanitos juegan con una vieja y sucia pelota en el patio de tierra cercado con alambre de púas de su casa, en la comunidad San José Hormiguero, Siuna, Costa Caribe Norte de Nicaragua.

Es martes. Siete de abril de 2015. Y como cada día de semana, el papá de los niños está trabajando en una de las fincas cercanas del poblado. Su mamá anda dejándole almuerzo al hombre.

Por la calle, también de tierra, como casi toda la comunidad, pasa un hombre delgado, con pantalón jeans, sin camisa, moreno, con pectorales y músculos de los brazos definidos por el trabajo de campo. En una de sus manos lleva un machete afilado y en cuya hoja se refleja el sol de ese medio día.

El hombre se detiene al ver a los niños con su vieja pelota. No les dice nada. Se acerca al alambre de púas, se agacha y mientras presiona uno de los alambres hacia abajo, mete su cuerpo a través de la cerca y en cuestión de segundos ya ha entrado al patio donde están los niños.

Haciendo el menor ruido posible, el hombre camina hacia los niños y cuando está lo suficientemente cerca del mayorcito, de once años, le deja ir un machetazo directo al cuello, pero falla y le da en el hombro derecho. “¡Ay!”, gritó el pequeño.

El menor, de ocho años, se queda perplejo y solamente reacciona cuando el hombre va a machetearlo a él. El niño alcanza a meter una de sus manos y el machete le arranca un dedo y la mitad de otro. El siguiente machetazo lo recibe en el pecho y ensangrentado el niño sale corriendo a buscar auxilio.

El hombre no lo sigue. Más bien se da vuelta y termina de rematar al otro menor que estaba en el suelo tierroso con el hombro herido. El menor recibe cinco machetazos más, en ambos brazos y una pierna.

Comienza a gritar. Llora de dolor. Los perros del lugar le ladran al hombre, quien, al escuchar el alboroto, deja de machetear al niño y sale huyendo.

Víctor Javier Ruiz Hernández tenía 19 años cuando atacó a dos niños y decapitó a un hombre a machetazos. ARCHIVO

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En ese entonces, Víctor Javier Ruiz Hernández tenía 19 años y en Costa Rica lo conocían como “El Decapitador”. En ese país trabajaba matando cerdos desde los 17 años, cuando migró con su primo, quien habla con la revista MAGAZINE en condición de anonimato.

“Era bueno matando bestias. No solo chanchos, también las vacas y le gustaba cazar culebras, mapaches”, cuenta su primo, quien vive en Costa Rica desde 2013.

Víctor nació en un pueblo llamado Danlí en agosto de 1996. Según su primo, cuando Víctor tenía tres años, su padre abandonó a su mamá porque la mujer no podía tener más hijos.

“Lo que sé es que el papa decía que para qué quería a una mujer que no le servía para darle más hijos, porque ella tenía problemas (de salud), entonces ahí la dejó”, narra el primo de Víctor. La madre falleció tres años después producto de ese problema de salud, y el tío de Víctor, hermano de su mamá, se lo llevó a vivir con él y ahí creció junto a sus primos y su nueva familia.

Desde pequeño, junto a dos primos, empezó a trabajar en algunas fincas de la zona, cortando monte, ordeñando vacas, arreando ganado y cuidando caballos.

A los 15 años, Víctor empezó a tener “mañas feas”, dice su primo. “Le robaba dinero a mi papá. Ya para ese momento andaba en drogas y bebiendo guaro”.

Debido a la pobreza en que vivía la familia y los pocos ingresos que tenían, Víctor y sus dos primos decidieron migrar a Costa Rica para conseguir trabajo. Él tenía 17 años y recién llegados al vecino país, empezaron a trabajar como peones cosechando piñas en una finca en Los Chiles.

“Después se robaba las piñas”, comenta el primo. Una vez, el patrón de la finca lo sorprendió robando piñas y le encontró unas herramientas que se le habían perdido desde hace unos meses, así que el hombre despidió a los tres primos.

Se fueron a San José, la capital costarricense y solamente los primos de Víctor pudieron conseguir empleo, así que él decidió irse nuevamente a la zona rural hasta que encontró trabajo en una finca en La Cruz, frontera con Nicaragua.

En esa finca fue que se ganó el apodo de “El Decapitador”, porque era muy bueno con la matanza de cerdos, pero no solamente era bueno, “le gustaba arrancarles la cabeza. Como que lo disfrutaba porque se le miraba en la cara”, relata el primo.

San José Hormiguero es una comunidad remota en el municipio de Siuna.. Ahí fue donde Víctor atacó a sus últimas víctimas. ARCHIVO

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“A esos niños yo les di varios machetazos. A uno le di en la nuca y al otro le di en la mano. Se la partí. Estoy consciente. Ni modo, voy a pagar. De todas formas, ya me capturó la Policía”, dijo Víctor el miércoles 11 de abril de 2015 a medios de comunicación que lo abordaron cuando la Policía Nacional lo había capturado.

Él era el principal sospechoso de haber macheteado a los dos hermanitos de iniciales D.A.M.P de 11 años, y a M.I.M.P de 8 años, que estaban mal heridos en el hospital Carlos Centeno de Siuna desde el siete de abril. El hombre nunca explicó qué fue lo que le motivó para atacar a los niños.

Según informó la Policía, la descripción que dieron los menores sobre el hombre que los macheteó coincidía con la apariencia física de Víctor.

Además, a Víctor se le imputó otro crimen. Se trataba del asesinato de Leonardo Luquez Martínez, de 26 años, quien había sido macheteado el dos de abril de ese año, Jueves Santo, por un desconocido en el mismo sector donde habían sido atacados los niños días después. Luquez Martínez fue encontrado semidecapitado y con nueve machetazos en el cuerpo.

“Si, yo maté a ese hombre en El Hormiguero. Lo encontré peleando con su mujer, y ella me pidió que lo hiciera. Primero le pegué una puñalada en el pecho. Después lo puse de rodillas y le di con mi machete. Hallé a la pareja peleando. Ella me pidió auxilio, por lo que saqué el machete y le di en el corazón”, confesó el hombre a las autoridades y a los medios de comunicación.

Su confesión la hizo de manera tranquila, sereno. Y entre frases dejaba entrever una sonrisa, y solamente se excusó de haber cometido ambos crímenes bajo efectos del alcohol y la marihuana.

Víctor fue detenido en la comunidad El Consuelo, a 33 kilómetros de Siuna. Su primo cuenta, que días antes él lo había llamado para decirle que se iba a regresar a Nicaragua por unos días, pero nunca le explicó el verdadero motivo.

“Solo dijo que iba ir a probar si encontraba trabajo allá, que le hacía falta Nicaragua, pero nada más. Hasta después fue que vi en las noticias por qué es que se había ido verdaderamente”, relata el primo.

Después de que Víctor fue capturado, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de Costa Rica, informó que él era el principal sospechoso de un triple asesinato ocurrido el 29 de marzo de 2015 en La Cruz, Guanacaste, que era el lugar donde Víctor trabajaba.

Las víctimas eran tres campesinos nicaragüenses que trabajaban en la misma finca que Víctor. Sus nombres eran Alcides Arróliga Zúñiga, de 70 años; Fidel Maldonado Aguilar, de 25; y Víctor Antonio Arias Gutiérrez, de 25.

Según el OIJ, los cuatro se dirigían a Cárdenas, en territorio nicaragüense y llevaban unos 200,000 colones, que eran unos 280 dólares de la época.

Los tres hombres fueron encontrados macheteados en una plantación, cerca de un pueblo llamado Santa Cecilia. Uno de ellos, fue encontrado sin la cabeza y los otros dos, con machetazos en el cuello, pecho, brazos y cabeza.

La investigación del OIJ sugiere que Víctor cruzó la frontera hacia Nicaragua él solo después de haber asesinado a los tres campesinos, y el motivo habría sido el robo del dinero que llevaban, ya que no fue encontrado ni en la ropa de las víctimas, ni en las cercanías del lugar.

Víctor fue declarado culpable y actualmente cumple condena de 30 años por los delitos de asesinato en contra de Leopoldo Luquez Martínez, y por intento de homicidio en contra de los dos hermanitos a los que atacó en la comunidad San José Hormiguero.

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