Asesinato “sandinista” en la casa de Sandino

Reportaje - 07.08.2022
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Un comando guerrillero asesinó al esposo de una sobrina de Augusto C. en la misma casa donde vivió
el guerrillero en su juventud y que hoy es un museo

Por Redacción Magazine

Fue un momento terrible, tanto que desde entonces Rosa Argentina Alvarado Sandino no volvió a ser la misma. Quedó enferma desde el mismo instante en que vio a su esposo, Nicolás Sandino Tapia, en el suelo de su casa, acribillado, sobre un charco de sangre.

Era el 2 de junio de 1979, cerca de las 10:00 de la noche, y los guerrilleros sandinistas andaban buscando cómo tomarse el comando de la Guardia Nacional en Niquinohomo. De paso, los armados aprovecharon para buscar a quienes ellos consideraban eran “orejas” o tenían vínculos con el somocismo.

Una unidad de combate sandinista, calificada como “temible”, la Rufo Marín, llegó esa noche a lo que hoy se conoce como la “Casa Museo”, la misma en la que vivió la adolescencia Augusto C. Sandino, el hombre cuyo apellido fue usado por Carlos Fonseca Amador para bautizar al movimiento guerrillero que finalmente suplantó en el poder a la dictadura de los Somoza, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Nicolás Sandino Tapia. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ ÓSCAR NAVARRETE

Rosa Argentina y su esposo ya estaban acostados. Se alertaron al escuchar una bulla, pero, el ruido no era claro porque estaba lloviendo. Varios armados saltaron el muro de la casa, entraron gritando consignas, que eran del FSLN, del comando Rufo Marín, y, a continuación, como Sandino Tapia salió a ver qué ocurría, lo acribillaron a balazos.

Rosa Argentina se agachaba para abrazar el cuerpo ya sin vida de su marido. Luego salía a la puerta gritando, pidiendo ayuda. Después corría nuevamente junto a su esposo. Y así estaba, gritando, desesperada, mientras la escena era vista por su hijo de ocho años de edad, Nicolás Sandino Alvarado.

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Rosa Argentina Alvarado Sandino es hija de un oriundo de Catarina, llamado Bismarck Alvarado, el hombre al que Anastasio Somoza García le decomisó sacos llenos de documentos del general Augusto C. Sandino, y después, con esa información, mandó a escribir el libro Sandino, el calvario de las Segovias.

La madre era Asunción Sandino Tiffer, hermana paterna del general Sandino, ya que también era hija del rico hacendado cafetalero de Niquinohomo, Gregorio Sandino. Por lo tanto, Rosa Argentina es sobrina del héroe nacional.

Rosa Argentina se crio entre la casa de su padre en Catarina y la hoy Casa Museo de Niquinohomo.

Gregorio Sandino murió en Niquinohomo en 1947, tras vivir cinco años exiliado en El Salvador, luego del asesinato del general Sandino, cometido en febrero de 1934.

A pesar de que la esposa de Gregorio Sandino, América Tiffer, le sobrevivió, la hoy Casa Museo pasó a ser herencia de Asunción, la madre de Rosa Argentina. Pero ella falleció a inicios de los años cincuenta. Entonces, como Tiffer aún estaba viva, ella fue la dueña de la casa.
Rosa Argentina se convirtió en la dueña de la Casa Museo cuando América Tiffer falleció, a las 11:00 de la noche del 14 de marzo de 1958.

Gregorio Sandino, su esposa y sus hijas. La niña sentada sobre el pilar es Rosa Argentina Alvarado Sandino. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ ÓSCAR NAVARRETE

Rosa Argentina era una profesora que se había enamorado de Nicolás Sandino Tapia, pero no eran familiares, pertenecían a ramas diferentes de los Sandino. Aunque sí se conocían desde pequeños. Las familias de ambos se visitaban con frecuencia. Nicolás era hijo de José Manuel Sandino, un hombre que había conocido al general Augusto C. Sandino.

Se casaron en 1957 y vivieron en diferentes lugares hasta que, a finales de los años setenta del siglo pasado, se asentaron en la hoy Casa Museo, luego de que durante un tiempo la estuvo alquilada para que fuera usada como escuela.

En 1979, Rosa Argentina y Nicolás Sandino vivían tranquilos en la Casa Museo, con sus dos hijos, Remigio Nicolás y Asunción Sandino Alvarado.

El sábado 2 de junio de 1979, durante el día, fue de “corre y corre” para la familia de Rosa Argentina y Nicolás, porque al día siguiente, la hija de ambos, Asunción, quien para entonces tenía 20 años de edad y estudiaba la carrera de trabajo social, se iba a casar con el joven Martín González.

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A inicios de junio de 1979, los sandinistas tenían contra las cuerdas al dictador Anastasio Somoza Debayle. Los guerrilleros lanzaron lo que se denominó La Ofensiva Final.

Crearon varias unidades de combate y una de ellas, la Rufo Marín, debía tomar los comandos de la Guardia Nacional en Niquinohomo, Catarina, Diriá y Diriomo. Debían dejar ahí a fuerzas de contención, mientras el grueso se constituía en fuerza de asalto del comando de la Guardia en Masaya.

Según entrevistas de la comandante Mónica Baltodano, el jefe de la unidad Rufo Marín era Glauco Robelo y era como una fuerza élite que azotó a los pueblos blancos durante la insurrección de 1979.

Según Róger Miranda, apodado Faustino durante la insurrección, la unidad de combate Rufo Marín estaba compuesta por 25 hombres armados con fusiles de guerra. Esa sería la unidad de combate que en la noche del 10 de junio de 1979 llegó a lo que hoy es la Casa Museo de Niquinohomo.

Rosa Argentina Alvarado Sandino, en la casa en la que vive desde 1979. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

Nicolás Sandino Tapia, esposo de Rosa Argentina, era un maestro, igual que ella, pero, según fuentes periodísticas, como un artículo del periodista Juan Ruiz Sierra, de la Revista MAGAZINE, simpatizaba con el liberalismo, el de Somoza Debayle.

En aquellos meses, previos a julio de 1979, muchas personas llegaban a los periódicos, especialmente La Prensa, a desmentir que ellos fueran informadores u “oreja” del somocismo. Era una época en que los sandinistas andaban matando a todo el que ellos vieran sospechoso de simpatizar con el somocismo.

Las ejecuciones, llamadas eufemísticamente “ajusticiamientos”, de los guerrilleros sandinistas, en contra de partidarios de Somoza, ocurrieron en muchos pueblos de Nicaragua.

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Rosa Argentina Alvarado Sandino piensa a veces que su marido Nicolás Sandino Tapia aún está vivo. “Llévamele esto a Nicolás por favor”, les dice a algunas personas.

A lo que ocurrió aquella noche del 2 de junio de 1979, ella le llama “accidente”.

Nicolas y su hermano José Manuel Sandino Tapia eran grandes simpatizantes del Partido Liberal Nacionalista (PLN), que dirigía Anastasio Somoza Debayle. Algunos habitantes de Niquinohomo afirman que, en la casa de José Manuel Sandino Tapia, el hermano de Nicolás, había hasta imágenes enormes de Somoza Debayle.

Nicolás Sandino Tapia era, al momento de su asesinato, un hombre “bajo, panzoncito y blanquito”, que, todos los días, se sentaba afuera de la hoy Casa Museo a leer el diario Novedades, el periódico de la familia Somoza.

La noche del crimen todo ocurrió rápido. La lluvia que caía esa noche impedía que con claridad se escuchara lo que ocurría fuera.
Los guerrilleros sandinistas se cruzaron los muros de la casa. Gritaban consignas de “viva Sandino”, “patria libre o morir” y se identificaban como miembros de la unidad de combate Rufo Marín, muy reconocida durante la insurrección en los pueblos blancos.

Algunas versiones indican que los guerrilleros sacaron a Nicolás Sandino Tapia de su cama, adonde ya estaba acostado con su esposa Rosa Argentina Alvarado. Y lo acribillaron. Otras versiones dicen que él salió de la habitación, la cual quedaba a la par del dormitorio que una vez fue del general Sandino, mientras vivió en esa casa durante su juventud.

Al ver el cadáver de su esposo, Rosa Argentina casi se volvía loca. “Mi hijo (Remigio Nicolás) vio todo”, gritaba aún un día después del crimen.

“De milagro quedé viva”, cuenta Rosa Argentina, quien asegura que después del suceso tuvo que someterse a varias cirugías.

José Manuel Sandino, el hermano de Nicolás, llegó a auxiliar a Rosa Argentina, porque vivía a una cuadra de distancia, frente a la parroquia Santa Ana, en una casa de dos pisos.

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El 3 de junio de 1979, Asunción Sandino Alvarado se estaba casando con su prometido Martín González. “Delante iba el casamiento y detrás iba el féretro de su padre (Nicolás Sandino Tapia)”, recuerda una habitante de Niquinohomo.

El asesinato, por parte de los sandinistas, no detuvo el casamiento.

Sin embargo, desde ese día la Casa Museo quedó abandonada. Para Rosa Argentina fue imposible seguir viviendo en esa casa. El recuerdo de todos sus familiares ya había hecho en una ocasión que ella no quisiera seguir ahí: Su abuelo Gregorio, su abuela América, su mamá Asunción, su tía Zoilamérica Sandino (abuela de la vicepresidenta Rosario Murillo).

Rosa Argentina Alvarado mantiene vivo el recuerdo de sus familiares a través de fotografías. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

Esa casa ya le traía recuerdos duros. El asesinato de su esposo, dentro de la misma, terminó de hacer que Rosa Argentina Alvarado Sandino no soportara vivir más en esa casa.

Para 1979, Rosa Argentina alquilaba una casa que era de su padre, Bismarck Alvarado, a otra maestra. Esa otra maestra, Sara Amelia López, comprendió el drama que estaba viviendo su amiga y desocupó el inmueble.

Desde entonces, Rosa Argentina no vive en lo que es hoy la Casa Museo.

Aunque Rosa Argentina dice que nunca ha vendido la Casa Museo, ni la ha donado, ni se la han confiscado, hoy ese inmueble está a nombre del Ministerio de Cultura. Espera que algún día se la devuelvan o la indemnicen por ella.

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